Para el equipo dirigido por Claudio Tapia, un empate les era suficiente, mientras que el Globo necesitaba imperiosamente una victoria. El encuentro finalizó 1-1, pero estuvo marcado por decisiones arbitrales polémicas, incluyendo la concesión de dos penales, un árbitro intimidando al DT Frank Kudelka, y una controversia que resurge cuatro meses después.
El pasado lunes, otro partido repleto de controversias contra Barracas culminó con los aficionados protestando enérgicamente contra Tapia y la Comisión Directiva, lo que resultó en la decisión de Huracán de seguir el camino de River, y en consonancia con Estudiantes, al negarse a participar en la reunión del Comité Ejecutivo celebrada el jueves en la sede de la AFA en Ezeiza.
El descontento en Parque Patricios es palpable, especialmente por parte de su presidente, Abel Poza, quien hasta hace poco mantenía una estrecha amistad con Tapia, tanto en lo personal como en lo institucional. El Ducó ha sido sede de prácticas de la Selección, además de albergar partidos del Sub 20, y actualmente se está llevando a cabo la entrega de entradas para un amistoso contra Mauritania.
Huracán, que históricamente ha sentido el desprecio de las decisiones arbitrales, ha tenido momentos recientes en los que, sorprendentemente, no siempre salió perdiendo. Cabe recordar un partido de 2023 en el que, al borde del descenso, un penal a su favor cambió su suerte, pero la controversia del partido de noviembre contra Barracas alteró todo el panorama.
Poza ha evitado ofrecer entrevistas, aunque al final del 2025 dejó entrever un creciente malestar. Conocido por su pasado como barrabrava bajo el apodo de Rubio Abel, del que no se avergüenza, tuvo una interacción con el medio partidario “Habla Huracán”, donde expresó su frustración. “Lo que teníamos que decir se dijo entre cuatro paredes, se habló y se arregló”, afirmó con seriedad. “Yo no voy a denunciar a nadie, en ningún aspecto de la vida. No soy vigilante y no me gustan los vigilantes”, agregó posteriormente.
Un periodista del ciclo le comentó: “Fui a ese partido pensando que no nos iban a robar, pero tuve que bajar la cabeza y decir soy un boludo, un inocente”. Poza, incómodo, ironizó: “Somos todos iguales”, dejando entrever su descontento.
El actual dirigente no es un personaje más en el ámbito directivo; mantiene un perfil bajo pero es directo en sus opiniones. Además de su pasado vinculado a la violencia en el fútbol, no oculta otro aspecto de su vida: ha enfrentado 22 causas penales y ha estado en prisión federal en cuatro ocasiones, con su detención más larga entre octubre de 2004 y julio de 2005, en el Complejo Penitenciario de Marcos Paz, por posesión de armas de guerra y atentado.













