En el centro del campo, Adrián Martínez se preparó para reanudar el juego, observando la escena con la certeza de que, al día siguiente, las conversaciones girarían en torno a Ávalos y, sobre todo, a su propio desempeño. ¿Fue egoísta Maravilla al querer acaparar la atención del público y dejar de lado el emblema del club? ¿Era apropiado intentar picar un penal en esa situación? Pocos podrían reprocharle a este delantero de 33 años, originario de Campana, quien ha demostrado ser un constante goleador en el club con 57 tantos en 105 partidos. Sin embargo, su actuación frente al Rojo dejó mucho que desear y la Academia no logró marcar, en parte, debido a sus fallos.
La jornada fue particularmente desafiante para Maravilla, conocido por su fe. Es posible que el destino no estuviese de su lado aquella tarde. En palabras de Gabriel Milito, hace unos años: “Las cosas se analizan siempre con el resultado puesto, aunque el antes es lo que importa. En el después somos todos unos fenómenos. Cuando un jugador abre el pie despacito y el arquero vuela para el otro lado, dicen ‘qué calidad y qué personalidad’. Pero cuando hace lo mismo y el arquero lo adivina, lo matan”. Si Maravilla hubiera convertido el penal, seguramente su estatus de ídolo se habría fortalecido.
Parece ser que nada le salió bien. Aunque es un jugador con carácter y un agudo sentido para el gol, su ejecución de penales ha sido, en esta ocasión, un punto débil. La pelota se fue más de diez centímetros por encima del travesaño. En ese instante, se dio cuenta de la magnitud de su error y no tuvo la energía para reaccionar ante los burlones abrazos de sus adversarios.
Peor aún, en los primeros minutos del segundo tiempo, falló otra oportunidad clara, al no lograr empujar un centro perfecto de Santiago Solari. En un intento posterior, disparó con su pie izquierdo y casi envió el balón al cielo, además de perder otra ocasión cuando Arias desvió su remate que parecía tener destino de gol.












