En el encuentro de la primera ronda de 1986, River se llevó la victoria por 1-0 gracias a un gol de Montenegro, en un clásico que transcurrió en un campo cubierto de papeles lanzados desde las tribunas, un claro reflejo de la época. La pelota, sobre el “verde césped”, como solía describirla Angel Labruna, apenas se visualizaba.
De cara a la revancha, el arquero Gatti recordó aquel partido y anticipó que podría repetirse la misma situación. Durante la semana previa al duelo en la Bombonera, se dirigió a la tienda de Adidas y avistó la pelota naranja. Comentó a Francisco Lamolina, árbitro del Superclásico siguiente, si sería posible jugar con esa pelota para que fuera más visible en un campo que seguramente también estaría adornado por el papel. Lamolina aceptó, y en Boca no objetaron nada al respecto. De esta manera, el primer tiempo se disputó con la pelota naranja, mientras River ya se coronaba campeón y comenzaba un año inolvidable que culminaría con su primer título de la Libertadores y la victoria en la Intercontinental contra el Steaua de Bucarest.
Al poco tiempo de iniciado el encuentro, se sancionó una falta a la derecha. Enrique ejecutó un centro y Alonso, sin marca, selló su legado al cabecear y superar a Gatti para marcar el primer gol con esa pelota naranja.
En la segunda parte, mientras se retiraban buena parte de los papeles, se reanudó el partido con la tradicional Tango blanca, adornada con ribetes negros. Alonso anotó el segundo gol en un tiro libre que se desvió en Passucci, confundiendo a Gatti. River se impuso por 2-0, pero ese partido quedó escrito en la memoria de todos como el del “gol de la pelota naranja”.
No satisfecho con haber anotado dos goles, Alonso insistió en realizar la vuelta olímpica, a pesar de que algunos compañeros y directivos le aconsejaron abstenerse para no provocar a los rivales. Sin embargo, Alonso encabezó la vuelta ante los palcos, giró justo antes de llegar al arco de La 12, donde hizo su famoso gol, y llevó a todo el equipo hacia las tribunas del Riachuelo, donde los hinchas de River celebraban el triunfo, el campeonato y la consagración.
Gatti; Di Natale, Higuaín, Passucci, Hrabina; Melgar, Olarticoechea, Hoyos (Dykstra); Graciani, Rinaldi y Tapia fueron los once que dirigió Mario Zanabria.
Pumpido; Saporiti, Ruggeri, Karabin (Borelli), Montenegro; Enrique, Gallego, Alonso, Alfaro; Amuchástegui (Gorosito) y Morresi fueron los elegidos por Héctor Veira.
La pelota naranja estuvo ausente varios años, sin que nadie prestara atención a su paradero. Lamolina la conservó en su hogar y posteriormente la donó al Museo River, donde ahora se exhibe en una vitrina, cuidada como si fuera la Mona Lisa. Alonso, a su vez, ocupa su lugar entre los más grandes ídolos del club.












