“Vamos con todo”, expresó Tapia en su cuenta de Instagram, una publicación que generó una avalancha de interacciones de aficionados.
Una de las imágenes mostraba a Tapia abrazando a Messi en uno de los salones contiguos al vestuario local. El capitán, que había guardado silencio durante toda la semana de entrenamientos en Buenos Aires, se presentó alegre. Se desconoce si la instantánea fue tomada antes o después del partido donde Messi anotó un gol y brindó una asistencia en el reencuentro de la Scaloneta con el público. Sin duda, la química entre el jugador y la hinchada se mantuvo intacta en este encuentro.
La segunda fotografía presenta a Rodrigo De Paul, quien había compartido imágenes de su preparación al tomar mate la semana anterior, antes del partido ante Mauritania. Curiosamente, al salir de La Bombonera, el mediocampista originario de Racing se dirigió a los micrófonos en la zona mixta y dejó un mensaje claro sobre la posición del plantel fuera del campo de juego.
“Somos jugadores de fútbol y venimos a jugar al fútbol, no a hacer política. No entendemos de esos lugares”, afirmó De Paul, abordando el tema sin que se le formulara pregunta alguna. Justo en ese momento, Lionel Messi se marchaba del estadio sin acercarse a los micrófonos. Sin embargo, regresó inesperadamente para interactuar con los medios.
“Queremos que nos juzguen por lo que hacemos adentro de una cancha. No hay que desinformar”, dijo Messi, refiriéndose a rumores y noticias infundadas que circularon en las redes sociales en el contexto de la controversia legal que enfrenta Claudio Tapia junto a sus colaboradores.
El de este martes marcó la primera aparición pública de Tapia desde el procesamiento dictado por el juez en lo Penal Económico, Diego Amarante, por el delito de apropiación indebida de tributos agravados y de recursos de la seguridad social tras recibir una denuncia de ARCA.
Su presencia en La Bombonera contrastó con el abucheo que recibió en su última aparición en el campo de juego, donde fue recibido con silbidos mientras intercambiaba placas con Juan Román Riquelme, presidente de Boca. Esta vez, eligió permanecer en el palco de honor, pero aprovechó su tiempo en el vestuario para enviar otro mensaje. Un gesto, como reza el dicho, puede hablar más que mil palabras.








