A los 17 años, motivada por la necesidad de descubrir su verdadero origen, comenzó a investigar. Con su certificado de nacimiento en mano, buscó en Internet “Louisville, Kentucky” junto a “agencias de adopción”. Las primeras respuestas que encontró fueron clínicas de fertilidad. Aquella noche se convirtió en un hito en su vida: “Supe que había nacido por subrogación y se lo conté a todos, excepto a mis padres, porque temía su reacción”, relató.
Olivia, hoy de 34 años, es escritora, conferencista y defensora de la Declaración de Casablanca, un organismo que se opone a la gestación subrogada. A los 30, una prueba de ADN confirmó su origen. Reflexionando sobre su posición, es enfática: “Pasé por muchas situaciones relacionadas con la subrogación. Cuando recibí la prueba, vi en redes sociales a numerosas celebridades y parejas que promovían esta práctica, lo cual me molestaba, ya que los niños concebidos no tenían voz en esta narrativa”.
El test genético fue un regalo de su suegra, que notó su angustia por la falta de información sobre sus raíces. Al recibir los resultados, Olivia se encontraba con su esposo y su bebé. El informe señalaba coincidencias en registros genéticos, lo que la condujo a conocer a una prima, y más tarde, a sus medios hermanos y a su madre biológica, quien había aportado el óvulo y deseaba reencontrarse con ella.
La primera comunicación con su madre biológica se produjo a través de un mensaje privado en Facebook, donde se enteró de varios detalles sobre su nacimiento, así como del anhelo que su madre siempre había tenido por volver a encontrarla.
Olivia aclara que su búsqueda no apuntaba a reemplazar a su familia adoptiva, sino a integrar una parte crucial de su identidad. En sus palabras: “El hombre que me crió también es mi padre biológico. Crecí como hija única, pero tras encontrar a mi madre biológica, conocí a mis hermanos y ese primer encuentro fue uno de mis mayores sueños cumplidos”.
La revelación de su origen fue transformadora. Si bien no tenía intención de eliminar el amor recibido de sus padres adoptivos, sintió el temor de que su relación con ellos se viera afectada. Su madre adoptiva tenía 50 años cuando ella nació y ese sufrimiento fue algo que siempre comprendió.
“Ellos me permitieron mantener la relación, pero debía evitar hablar del tema. Podía seguir compartiendo sobre subrogación, pero eso traería la pérdida de la relación. Elegí hablar públicamente, lo que terminó generando distancia,” expresó.
Olivia resalta que su lucha no se dirige contra quienes desean formar una familia a través de la subrogación, sino contra el lobby y las decisiones políticas que la promueven. Afectada por endometriosis severa, ser madre de tres hijos siempre pareció una meta distante.
“No consideré métodos artificiales. Comprendo el deseo de ser padres, pero eso no implica un derecho. No existe un derecho internacional a tener hijos; los derechos de los niños deben priorizarse antes que los deseos de los adultos”, sostiene.
En mayo de 2023, compartió su historia a través de un video en plataformas sociales, y su mensaje se volvió viral. Esto la llevó a ser contactada por la Declaración de Casablanca, lo que le permitió hablar en el Parlamento de la República Checa, y decidió plasmar su experiencia en el libro “Where are you, mommy?” (¿Dónde estás, mamá?).
En agosto, Olivia realizó cuatro conferencias en Buenos Aires para visibilizar su historia y el contexto de la subrogación. A nivel nacional, este tema carece de una regulación específica, lo que ha dado lugar a un vacío legal. Esta práctica, conocida como “gestación solidaria”, presenta riesgos inherentes y la falta de supervisión adecuada puede dar lugar a situaciones de explotación.
“Las legislaciones, aun con sus vacíos, no suponen la ausencia total de un mercado”, observa. En 2024, fiscalías locales comenzaron a investigar una red que involucraba a ciudadanos extranjeras que pagaban cerca de 50.000 dólares por servicios de gestación subrogada. Las mujeres gestantes, muchas de ellas en condiciones económicas vulnerables, recibían alrededor de 10.000 dólares.
La investigación involucra a centros de fertilidad y otros actores, y evidencia patrones de explotación relacionada con la trata de personas. “En mi estancia en Buenos Aires quise debatir sobre lo que sucede cuando la ley no es clara, pero la demanda persiste”, dice.
La mirada de Olivia enfatiza que el fetichismo por la procreación debería ser cuestionado: “No se trata de un acuerdo puramente privado entre adultos. Hay intereses económicos y desigualdades de poder que generan una transacción que involucra a seres humanos”, enfatiza.
Comparando otras legislaciones europeas, señala que la regulación en torno a la subrogación es dispareja y muchas veces ineficaz. “La lección es clara: no se puede abordar el problema ético de la subrogación trasladando el embarazo a otra frontera; requiere una respuesta global”, concluye.
Olivia consciente del sufrimiento de quienes desean ser padres, también critica a una industria que se nutre de esa desesperación. “No se trata solo del sufrimiento; implica la disponibilidad de personas que lo solucione. El ecosistema económico en torno a la gestación subrogada plantea interrogantes sobre quién moldea el debate público”, agrega.
La conversación se ha desviado, según su mirada: “En vez de cuestionar la moralidad de la disponibilidad de mujeres y niños en tales contratos, se urge a abordar cómo regular el mercado. Este enfoque beneficia a la industria”, resalta.
Olivia refuta la distinción entre subrogación comercial y la altruista, pues resalta que ambas conllevan un acuerdo que implica la separación del niño de la mujer que lo gestó.
Reconoce que los sistemas de adopción en muchos países buscan proteger a los niños, mientras que la subrogación carece de tales protocolos. “Cualquiera con dinero puede eludir estos procesos”, indica.
Para Olivia, hay una oportunidad de establecer regulaciones en Argentina frente a este vacío legal. Su compromiso radica en elevar su voz en defensa de quienes no tienen poder en esta situación. “No puedo cambiar cómo nací, pero puedo luchar para evitar que otros pasen por lo mismo. Eso me motiva”, concluye.

















