Randazzo sostuvo que durante los ocho años en los que estuvo al frente de distintos ministerios tuvo apoyo para llevar adelante su gestión y que las decisiones vinculadas con los cambios en el área contaron con autorización presidencial. Señaló además que hace una década no mantiene contacto con la ex mandataria y que tuvieron diferencias políticas.
Ante una consulta sobre si había detectado alguna actividad sospechosa entre empresarios y funcionarios, respondió que no le constaba ninguna irregularidad y sostuvo que, ante la existencia de un delito, corresponde que intervenga la Justicia. También negó que empresarios que declararon como arrepentidos le hubieran mencionado el supuesto pago de sobornos.
La declaración se extendió durante aproximadamente dos horas. Randazzo recordó que asumió como ministro del Interior en diciembre de 2007, durante la primera presidencia de Cristina Kirchner. En junio de 2012, después de la tragedia ferroviaria de Once, pasó a estar al frente del área de Transporte, que hasta entonces dependía del Ministerio de Planificación. Según explicó, el traslado respondió a una decisión política de la entonces presidenta, que resolvió otorgarle mayor jerarquía al sector.
El juicio que se lleva adelante incluye un tramo relacionado con el presunto pago de sobornos en el sector del transporte ferroviario durante los gobiernos de Néstor y Cristina Kirchner.
Durante su declaración, Randazzo también hizo un repaso de la situación de los ferrocarriles y de las medidas adoptadas durante su gestión. Entre ellas mencionó la adquisición de 1.400 coches, la implementación definitiva de la tarjeta SUBE y distintas obras de renovación de la infraestructura ferroviaria.
El ex funcionario señaló que uno de los principales debates durante esos años estuvo relacionado con los subsidios que el Estado nacional destinaba a las empresas ferroviarias. Explicó que, si las tarifas permanecían congeladas, los subsidios necesariamente aumentaban. En ese sentido, recordó que las tarifas estuvieron congeladas entre 2002 y 2008 y que entre 2008 y 2014 aumentaron un 80%, mientras que, según los datos que expuso, la inflación creció un 400% y los salarios de los trabajadores ferroviarios un 1.000%.
Randazzo consideró que las tarifas eran demasiado bajas y señaló que discutía de manera permanente esa cuestión con la entonces presidenta y con el Ministerio de Economía, en el marco de las políticas destinadas a controlar la inflación. Según explicó, los aumentos tarifarios no permitían compensar de manera significativa la reducción de los subsidios. En ese período, agregó, la relación entre subsidios y tarifas era aproximadamente de 90% a 10%.
También recordó que durante su gestión se rescindieron contratos con distintas empresas concesionarias debido a deficiencias en la prestación del servicio. En paralelo, señaló que mantenía reuniones semanales con empresarios del sector para analizar distintos aspectos vinculados con el funcionamiento del sistema ferroviario.
“Mi relación era directa con la presidenta. Nunca recibí una instrucción política para favorecer a una empresa por subsidios. Siempre me sentí respaldado por la presidenta”, reiteró durante su declaración, al tiempo que negó haber conocido hechos de corrupción vinculados con el área que conducía.
Durante la audiencia, el juez Germán Castelli le consultó si podía aportar información relevante para la investigación. Randazzo respondió que había procurado presentarse como testigo y contestar todas las preguntas, aunque cuestionó el tiempo transcurrido desde el inicio de la causa. Consideró que el paso de 12 años hizo que se olvidaran detalles y sostuvo que una investigación realizada antes podría haber permitido aportar mayor cantidad de información.
Finalmente, se refirió a su relación con otros acusados. Sobre el ex ministro de Planificación Julio De Vido, señaló que tuvo poco contacto porque ambos estaban al frente de áreas diferentes y aseguró que no tuvo inconvenientes con él. También describió como escasa su relación con los ex funcionarios Ricardo Jaime, José López, Juan Pablo Schiavi y Roberto Baratta.


















