Esta problemática, que no es nueva, volvió a ser un tema de discusión la semana pasada durante el Día de la Educación, organizado por el Grupo Techint en la Escuela Técnica Roberto Rocca. En el evento, la investigadora de CIPPEC, Cecilia Veleda, destacó que los alumnos argentinos de mayores ingresos obtienen resultados similares, e incluso menores, que aquellos de menores ingresos en países desarrollados. “Estamos todos en el Titanic educativo”, afirmó.
La última edición de la prueba PISA (2022), que evalúa a estudiantes de 15 años en varios países y permite una buena comparación, confirmó esta realidad. Los alumnos argentinos del 25% de hogares con mayor nivel socioeconómico lograron, en promedio, 420 puntos en Matemática, un puntaje que apenas iguala al del 25% más pobre de Francia y Estados Unidos y se encuentra por debajo del cuartil más vulnerable de Alemania (430 puntos), Italia (430), España (434) y Reino Unido (458).
La brecha es aún más significativa ante los sistemas educativos de países que encabezan el informe PISA. Por ejemplo, el 25% más pobre de Singapur, Macao y Hong Kong reportan puntajes notoriamente más altos (515, 526 y 511 puntos respectivamente) que los de la Argentina.
Cabe mencionar que PISA clasifica a los estudiantes en cuatro “cuatriles” según variables que afectan su estatus económico, social y cultural. Sin embargo, como los indicadores varían entre naciones, los estudiantes más ricos de un país pueden ser considerados en diferentes categorías en otros.
Argentina es clasificada como un país de ingresos medios, ubicándose en el puesto 47 de 193 países en el Índice de Desarrollo Humano de la ONU, que combina indicadores de salud, educación e ingresos. La situación educativa local plantea serias interrogantes sobre los factores que están contribuyendo a mantener un desempeño tan bajo en relación con otros países de características similares.
Un dato preocupante que arroja PISA es que el 51% de los alumnos argentinos del cuartil socioeconómico más alto no alcanzan el nivel básico en Matemática. Esta cifra supera a la del 25% más pobre en países como Italia (47,6%), España (44%), Alemania (46,6%), Reino Unido (34,7%), Japón (21,2%) y Singapur (19%).
A este desalentador panorama se suma un informe del Observatorio de Argentinos por la Educación, que señala un incremento en la cantidad de estudiantes de secundaria que faltan a clases, con cuatro de cada diez indicando que lo hacen simplemente porque “no tienen ganas”. En el caso de las escuelas privadas, este porcentaje asciende al 49%, en contraposición al 34% de los alumnos de escuelas públicas.
La causa de este fenómeno entre los estudiantes de sectores acomodados en Argentina, según Veleda, está principalmente relacionada con factores docentes.
“Los docentes, con salarios y oportunidades de formación y carrera insuficientes, enfrentan obstáculos serios para brindar una educación de calidad en la mayoría de las escuelas, desde las más vulnerables hasta las de mayor nivel socioeconómico. Esto explica que solo 1 de cada 10 estudiantes llegue al último año de secundaria a la edad teórica, con aprendizajes satisfactorios en lengua y matemáticas”, destacó.
También mencionó la necesidad de jerarquizar la profesión docente, planificando la cantidad necesaria de docentes en el contexto de la baja natalidad, mejorando la formación inicial y continua, y revisando aspectos relevantes de la carrera docente. Sin embargo, hasta ahora, pocos gobernadores han abordado esta cuestión de manera integral.
El clima escolar en Argentina representa otro factor crítico, según Claudia Romero, doctora en Educación y especialista en liderazgo y mejora escolar.
“En Argentina, el clima escolar es significativamente más desfavorable para el aprendizaje en comparación con el promedio de los países desarrollados. Existe una pedagogía débil y desorganizada, con un tiempo neto de aprendizaje corto y fragmentado, alto ausentismo y distracción en clases, en parte debido al uso de celulares, lo que dificulta mantener un entorno de trabajo ordenado”, señala.
El acoso escolar también es una preocupación considerable. Romero resalta que “la violencia, ya sea verbal, física o cibernética, socava el bienestar socioemocional de los estudiantes, reduciendo sus calificaciones y colocando a Argentina en niveles altos de exposición al acoso escolar a nivel regional y global”.
Para mejorar el clima escolar, es fundamental contar con un liderazgo educativo sólido que permita intersectar competencias escolares clave, como directores que sostengan las normas institucionales y docentes enfocados en mejorar prácticas de enseñanza. “Toda política educativa debería centrarse en fortalecer estas competencias”, concluyó.
Por su parte, Florencia Salvarezza, especialista en Lingüística, Neurociencias y Educación, subraya que el principal problema radica en el sistema educativo y sus métodos de enseñanza.
“Desde la década de los noventa, el sistema educativo argentino ha ido abandonando el concepto de enseñanza. Los modelos constructivistas implementados redujeron el nivel promedio de aprendizaje, junto con cambios que han disminuido la exigencia, como en los regímenes de asistencia y en los sistemas de evaluación”, indicó.
Salvarezza destaca que el rendimiento escolar depende de dos dimensiones: los aprendizajes básicos y la enseñanzas de contenidos. “La escuela argentina no está cumpliendo adecuadamente en ninguno de estos aspectos. Los aprendizajes fundamentales no son sostenidos eficazmente y los currículos son escasos en cuanto a contenidos relevantes”, añadió.
Para revertir esta situación, propone modificar la enseñanza de lectura, escritura y matemáticas y revisar los diseños curriculares. “Es esencial discutir cuáles son los contenidos realmente importantes que debe enseñar la escuela, posiblemente dejando de lado ciertos temas para dedicar más tiempo a procesos relevantes en historia contemporánea”, finalizó.


















