La normativa introduce requisitos relacionados con riesgos tecnológicos, seguridad, gestión de datos y administración de terceros. Martínez Brizuela destacó que el principal desafío para las fintech no reside en la tecnología —área en la que estas empresas han crecido al incorporar nuevas plataformas y proveedores—, sino en la cultura de control interno. “Lo veían como algo burocrático”, comentó, al referirse a la percepción que muchas de estas compañías tenían sobre el cumplimiento normativo.
Según la directora, “son controles que marcarán la diferencia entre aquellas fintech que logren trabajar en estos aspectos y generar confianza, y las que no lo hagan”. En este sentido, la nueva regulación actúa como un filtro: las entidades que consigan adaptarse a este nuevo entorno de control estarán en una mejor posición frente a sus clientes.


















