En los últimos tres encuentros, River ha marcado un total de ocho goles, pero solo le convalidaron cinco. Desde el VAR, se realizaron revisiones en la mitad de esos tantos, resultando en la anulación de tres goles, uno en cada partido. Las situaciones que resultaron en esas anulaciones generaron dudas, ya que los tantos parecían válidos: el de Montiel ante Sarmiento, y los de Correa contra Belgrano y Racing. Ponzio expresó su malestar afirmando: “No quiero que me regalen nada, pero tampoco que me quiten lo que tengo, lo que logré. Nos están pasando cosas que por ahí hay que hacer dos o tres goles para ratificar un resultado”.
Además, amplió su crítica al agregar: “En el segundo gol que hacemos, el de Ángel Correa, creo que fue una decisión desde otro lado, no del mismo árbitro. Noto y veo que cuando inciden tanto en una opinión, te hacen dudar. Si se establece una terna arbitral, es para que ellos sean quienes dirijan el partido y se impongan con sus decisiones. Siento que el arbitraje debería estar en un nivel distinto para que se vea el fútbol y me extenderé más sobre esto”. Luego subrayó: “No pido nada, solo que no me quiten. Esa es la realidad”.
Ponzio no se detuvo allí y, en su alocución, dejó claro que lo que está ocurriendo debe ser tenido en cuenta antes de un nuevo enfrentamiento contra Boca. Aludió a las múltiples revisiones que ha habido en los partidos de River. Recordó un gol anulado a Sarmiento por una mano mínima de Fausto Vera, un segundo tanto anulado a Correa contra Belgrano por una mano de Ortega que no fue considerada antinatural, ya que el balón le había golpeado en la cadera, y el que ocurrió el domingo ante Racing, donde se consideró que Montiel interfirió con la visión del arquero en la jugada previa.
Además de Ponzio, otros integrantes de River también señalaron a los árbitros. Correa se expresó al finalizar el partido, mientras que Montiel lo hizo en la zona mixta. El delantero comentó: “Ya parece mucha casualidad, pero con nosotros siempre van al VAR y hay que hacer un gol más. Si no me anulan el gol que hice, que considero que fue lícito, el desarrollo del encuentro habría sido más tranquilo. Pero tuvimos que sufrir, porque íbamos 1 a 0 y en cualquier jugada te pueden empatar, cuentan con jugadores de calidad y eso es lo que nos genera frustración”.
En igual línea, Montiel añadió: “Me da bronca que algunas jugadas que son para River no se revisen cuando tranquilamente podrían serlo. Esto molesta. A partir de ahora, tendremos que estar atentos a todos los detalles”.
En relación al próximo Superclásico, Ponzio también recordó el último enfrentamiento contra Boca, en el que el Xeneize se llevó la victoria en el Monumental, gracias a un penal cobrado por una infracción que no fue sancionada a favor de River debido a un claro empujón de Lautaro Blanco a Lucas Martínez Quarta. Esta falta se produjo cerca del final y, a pesar de su evidente naturaleza, el VAR, bajo la supervisión de Héctor Paletta, no llamó al árbitro para que revisara la jugada.
Posteriormente, Claudio Úbeda, exentrenador de Boca, reconoció en una entrevista una vez finalizado el partido que efectivamente hubo falta. En un formato de verdadero o falso, ante la afirmación de que “el empujón de Lautaro Blanco a Martínez Quarta fue penal”, respondió: “Verdadero”. A la sorpresa del entrevistador, añadió, entre risas: “Estaba a la vista; que no lo haya cobrado es otra cosa”. En respuesta a esta situación, Ponzio enfatizó: “Sí, escuché lo que dijo Úbeda. Siento que fue una expresión de lo que todos hemos visto”.
Los antecedentes no se limitan a ese encuentro. En la última visita de River a la Bombonera, en noviembre pasado, el partido se abrió tras una falta de Milton Giménez sobre Paulo Díaz. En un salto para disputar la pelota, el delantero de Boca golpeó con el codo en la cintura al exdefensor de River justo antes del gol de Exequiel Zeballos. Esta controversia fue crucial, dado que se estaba por cerrar el primer tiempo. El VAR debió haber intervenido, llamando al árbitro del partido, Nicolás Ramírez, para que revisara la jugada; sin embargo, no lo hizo. ¿La razón? Paletta estaba al mando de la tecnología, una vez más.
Este contexto hace que el estado de alerta de River antes de su regreso a la Bombonera no sea una exageración, especialmente en medio de una guerra abierta con la AFA, en particular con su presidente, Claudio Tapia. Este último, reconocido hincha de Boca, tiene a Juan Román Riquelme, presidente del Xeneize, como aliado en esta tensa situación.
La frase “guardia alta” fue pronunciada por Marcelo Gallardo a principios de 2018, cuando sentía que su equipo enfrentaba diversos frentes externos en contra. En ese momento, insinuaba que la estrecha relación entre la conducción del país y la de la AFA, en particular con Boca (con Mauricio Macri como presidente de la Nación y Chiqui Tapia a cargo de la AFA, mientras que Daniel Angelici lideraba Boca y tenía gran influencia), era un factor de riesgo para River.
Hoy, la situación parece más accentuada por el abierto enfrentamiento con la AFA, por la dirección de Tapia. Además, se llega a un momento crucial, dado que se disputará la anteúltima fecha de la fase regular, que definirá la tabla anual. También está en juego la clasificación a las copas internacionales, algo que en River buscan evitar que se vea afectado por decisiones externas. Por este motivo, el equipo viajará a la Bombonera con la guardia bien alta, conscientes de que no reciben un penal en ese estadio desde hace 23 años.


















