El funcionario realizó estas declaraciones durante el cierre de la Conferencia Anual de FIEL, donde participó de una conversación sobre la coyuntura económica en reemplazo del presidente Javier Milei, quien se encontraba fuera del país.
Al referirse a la discusión cambiaria, Caputo cuestionó las comparaciones históricas que buscan determinar si el dólar está atrasado y consideró que no contemplan los cambios en las condiciones macroeconómicas. Recordó que la Argentina atravesó fuertes devaluaciones sin conseguir mejoras sostenidas en materia de competitividad.
“Se ha dicho de todo”, expresó sobre el tipo de cambio y afirmó que se trata de una de las variables con menor incidencia en la capacidad competitiva de una economía.
Para el ministro, evaluar la cotización de la moneda estadounidense sin considerar el contexto fiscal y monetario conduce a conclusiones equivocadas. En ese sentido, sostuvo que el país cuenta por primera vez con una perspectiva de cuatro años de equilibrio fiscal y orden macroeconómico, una situación que modifica los parámetros de comparación con etapas anteriores.
También planteó que las decisiones económicas deben analizarse de manera integral. Según explicó, una devaluación puede generar efectos sobre la industria, los precios, las tarifas, el consumo y la recaudación, además de poner en riesgo el equilibrio de las cuentas públicas.
“Las políticas no son compartimentos, no es un Excel”, señaló al cuestionar los análisis que consideran el tipo de cambio de manera aislada.
Otro de los puntos centrales de su exposición fue el costo del financiamiento para las pequeñas y medianas empresas. Caputo afirmó que actualmente algunas PyMEs enfrentan tasas de interés del 80% en pesos, mientras que el costo de mercado se ubica cerca del 25%.
En ese escenario, consideró que si las empresas consiguieran financiarse a tasas de entre el 35% y el 40%, podrían reducir sus costos financieros entre 40 y 50 puntos. Para dimensionar el impacto, comparó ese ahorro con el beneficio que obtendría una compañía exportadora si el dólar alcanzara los $2.700.
De esta manera, buscó mostrar que las condiciones de financiamiento pueden tener una incidencia mayor sobre la competitividad que una variación cambiaria del 5%.
La logística también ocupó un lugar importante en el planteo del titular de Economía. El funcionario estimó que distintas iniciativas de infraestructura y transporte podrían reducir los costos entre un 10% y un 30%.
Entre las medidas mencionó las concesiones de rutas, el proceso de concesión del Belgrano Cargas, la licitación de la Hidrovía y una eventual aprobación de la ley de Cabotaje.
Caputo también cuestionó la utilización de indicadores históricos del tipo de cambio real como referencia única para evaluar la situación actual. Sostuvo que esos cálculos deben contemplar variables como la productividad, los términos de intercambio, la estructura impositiva, el déficit fiscal y las tasas de interés internacionales.
En esa línea, definió al tipo de cambio argentino como una variable endógena, cuyo comportamiento depende de la solidez del programa económico y del orden macroeconómico.
Para respaldar su posición, el ministro destacó la evolución de las exportaciones y aseguró que el país superará los 100.000 millones de dólares en ventas externas.
De acuerdo con los datos que presentó, las exportaciones de productos primarios crecieron un 71% respecto del promedio registrado entre enero y diciembre de 2023. En el mismo período, las manufacturas de origen agropecuario avanzaron un 41%, las de origen industrial un 31%, los combustibles y la energía un 98% y los servicios basados en el conocimiento un 88%.
Además, destacó el potencial de los sectores energético y minero. Según sus proyecciones, la balanza comercial conjunta de ambas actividades, que actualmente ronda los 22.000 millones de dólares, podría alcanzar los 60.000 millones en 2031.
El funcionario consideró que el crecimiento de las exportaciones y las inversiones permitirá aportar mayor previsibilidad al mercado cambiario y rechazó que exista una certeza sobre una eventual crisis de volatilidad durante 2027.
“Si fuera 100% consenso que eso va a pasar el año que viene, ya estaría pasando”, afirmó.
Por último, señaló que el Gobierno espera atravesar 2027 en un escenario económico más estable, aunque reconoció que la administración debe contemplar también la posibilidad de que las expectativas no se cumplan.

















