Aún resonaban los ecos del triunfo de la Selección ante Inglaterra cuando el presidente Javier Milei compartió su pronóstico en un encuentro con uno de los socios de la Bolsa de Comercio de Buenos Aires: “Voy a ser electo y voy a tener cuatro años más.” La audiencia estalló en aplausos. Un asistente en el evento comentó que los bonos reflejan ese pronóstico, sosteniendo que los títulos muestran precios que implican un 70% de posibilidades de reelección para Milei en 2027, un margen que ha ido en aumento en los últimos meses.
Sin embargo, la situación se complica al mirar la economía real. Un destacado referente del mercado expresó su confianza en los indicadores: “Los datos dan bien”, afirmando optimismo sobre las expectativas para el segundo semestre del año y su convicción de que el Gobierno se presentará sólido en las elecciones.
Por el contrario, un administrador de carteras de inversión informó que actualmente los fondos del exterior están centrando sus consultas en la situación económica. Las inquietudes se focalizan en el mercado interno y el impacto en los sectores más afectados.
Mientras el ámbito financiero y los precios de los bonos atraviesan una fase de casi euforia, “la macro manda”, explicó un inversor que ha hablado con fondos extranjeros sobre su posible retorno al país. No obstante, reiteraron que solo regresarían si se consolida un triunfo de Milei o de un candidato que garantice la continuidad de la “seguridad jurídica”.
La prioridad radica en detener el deterioro de la parte más débil de la economía, una tesis criticada por el presidente ante un auditorio que agrupa a sus principales defensores, quienes sostienen que existen sectores en auge y otros en declive. El sector empresarial comprende la importancia de la estabilidad fiscal para el Gobierno y no exige una expansión del gasto para detener la caída, pero pide que se evalúen políticas sectoriales, donde también tienen pocas expectativas.
Las encuestas serán fundamentales para la economía en el período preelectoral, pero los grandes fondos no parecen dispuestos a realizar movimientos, tanto los financieros como los que operan en la economía real, que se mantienen firmes a pesar del Régimen de Incentivo a las Grandes Inversiones (RIGI). “Hasta ahora son promesas, el capital no fluye. Están esperando a ver qué sucede después con quien continúe el RIGI”, comentó un contacto desde el exterior.
Se anticipa que hasta las elecciones no se producirán cambios significativos, ni en el tipo de cambio ni en la actividad económica. Algunos inversores sostienen que un opositor radicalizado podría beneficiar al Gobierno, al recuperar el “efecto salto al vacío” que se vivió en las elecciones de 2025. Sin embargo, esto podría repercutir negativamente en el mercado financiero, que, en la actualidad, no enfrenta problemas.
Un elemento que no depende del gabinete gubernamental es la identidad del candidato opositor, así como la posible separación entre las elecciones provinciales y nacionales, además de la eventual derogación de las PASO.
El presidente recobró en su discurso la controversia con el propietario de una empresa que anunció su cierre debido al impacto de la apertura de importaciones en sus ventas. “Cuando ustedes abran, claramente ese ineficiente quiebra, pero el consumidor ahora ese bien en lugar de pagarlo 400, lo paga 100, ahora tiene 300 en la mano que lo va a gastar en otros bienes de la economía y eso lo que va a generar son en puesto de trabajo de mejor calidad en otros sectores de la economía que sí quiere la gente”.
“No tienen 300 para gastar en otros sectores, porque una parte mayor se le va a tarifas”, cuestionó un empresario, quien a pesar de la crítica, consideró necesaria la corrección tarifaria para atraer inversiones en áreas con infraestructura deficiente.
El estado de los ingresos es otro de los factores clave a tener en cuenta para las elecciones. La recuperación del consumo masivo, más allá del privado, determinará el ritmo de llegada del Gobierno a los comicios, opinión compartida incluso por analistas del ámbito financiero.
A este respecto, se interpretan los programas de los bancos públicos destinados a reestructurar deudas de clientes. Se estima que el impacto sobre la morosidad será limitado, en gran medida porque hay actores a los que los bancos y el Gobierno tienen menor influencia regulatoria, como las fintech. La tasa de morosidad en este segmento es el doble que la de las entidades bancarias.
Asimismo, el mismo tipo de argumentación se aplica a la tasa overnight, que se encuentra en terreno negativo. “Parece Mercedes Marcó del Pont con la tasa de interés real negativa. Y en algún momento alguien va a salir a tener que pagar esos dólares”, observó un inversor acerca del aumento en la circulación de pesos que esta medida ha generado.
“Los trabajadores tendrán que ir a trabajar a otro sector. Por eso es tan importante un mercado laboral flexible”, mencionó el presidente.
“Eso no va a pasar”, replicó un inversor que respalda la reconfiguración del Gobierno y predice un crecimiento notable en los próximos años, impulsado por los sectores que están prosperando, pero que duda de que realmente habrá una relocalización de los trabajadores despedidos en la industria y el comercio hacia la energía y la minería.
“En tres años van a sobrar los dólares”, concluyó para justificar su postura, aunque no cree en la migración que espera el Gobierno, ni siquiera en el plazo de tres décadas propuesto por el ministro de Desregulación para que un millón y medio de personas se desplacen hacia Neuquén. Ese plazo, señaló un gestor de fondos, pertenece a otra generación, mientras que, en el presente, no se anticipan esos cambios.


















