La investigación, publicada en la revista científica Perceptual and Motor Skills, fue llevada a cabo por expertos de las universidades de Roma “Foro Italico” y Verona en Italia. El estudio examinó el impacto de un programa de natación para bebés en el desarrollo motor y cognitivo de los pequeños, enfocándose en ciertas funciones ejecutivas como la memoria de trabajo, la inhibición y la flexibilidad cognitiva.
Los hallazgos revelaron que los bebés que participaron en un programa de natación durante 10 semanas mostraron mejoras en sus habilidades motoras y resultados alentadores en algunos aspectos de las funciones ejecutivas, especialmente en cuanto a la flexibilidad cognitiva. Los autores del estudio señalaron que se trató de un estudio piloto y que son necesarias investigaciones futuras con muestras más amplias.
Para llevar a cabo la investigación, se trabajó con 27 bebés y niños pequeños, quienes fueron divididos en un grupo que realizó natación y otro que no participó en esta actividad. Los participantes del programa siguieron una intervención de 10 semanas de natación para bebés.
Posteriormente, los investigadores analizaron diversos aspectos del desarrollo. Utilizaron pruebas específicas para medir las funciones ejecutivas, incluyendo memoria de trabajo, inhibición y cambio de respuesta, mientras que el desarrollo motor se evaluó con una escala diseñada para esas habilidades.
El estudio concluyó que los niños que tomaron parte en el programa de natación mostraron avances en habilidades motoras gruesas, finas y generales, además de resultados alentadores en algunos aspectos de las funciones ejecutivas, incluida la capacidad de cambiar de respuesta.
Durante las actividades acuáticas, los bebés deben coordinar movimientos, ajustar la posición del cuerpo y reaccionar ante múltiples estímulos. Esta combinación de exigencias físicas y cognitivas en la natación es significativa.
Al finalizar el programa, los investigadores observaron principalmente mejoras en las habilidades motoras. Los resultados relacionados con las funciones ejecutivas fueron considerados prometedores, sobre todo los cambios en la capacidad de cambiar de respuesta, que podrían estar alineados con una mayor flexibilidad cognitiva.
La flexibilidad cognitiva, aunque a menudo pasa desapercibida, es crucial en la infancia, ya que permite a los niños adaptarse a nuevas reglas, resolver problemas y ajustar su conducta. En el contexto de la natación, el aprendizaje de nuevos movimientos y adaptación a un entorno diferente implica responder a estímulos nuevos y coordinar acciones diversas.
Una revisión sistemática sobre actividades acuáticas formales para bebés menores de 36 meses reveló indicios de efectos positivos en diversas habilidades, como las habilidades motoras y la percepción del movimiento, aunque los expertos subrayaron la necesidad de estudios más rigurosos para confirmar estos beneficios.
A partir de los resultados, los investigadores concluyeron que un programa de natación para bebés puede contribuir al desarrollo motor y posiblemente influir positivamente en ciertos aspectos del desarrollo cognitivo. Sin embargo, enfatizaron que se trató de una investigación piloto con una muestra pequeña, y que resulta esencial continuar explorando esta relación.
La natación, a diferencia de muchas otras actividades físicas, se realiza en un medio acuático que exige adaptación constante por parte del cuerpo, lo cual convierte incluso a los ejercicios básicos en un reto en términos de coordinación. Durante las clases, los niños pueden trabajar en el equilibrio, la coordinación, la orientación corporal y el control de los movimientos, lo que podría explicar la asociación existente entre las actividades acuáticas y ciertos aspectos del desarrollo infantil.
Un estudio previo realizado en 2025 también evaluó a 26 niños de entre 2 y 4 años que participaron en un programa de familiarización acuática de seis meses. Los resultados mostraron relaciones significativas entre el movimiento autónomo en el agua y diversas variables asociadas a las funciones ejecutivas, como la flexibilidad cognitiva, el control emocional, la memoria de trabajo y la planificación.
Los autores del estudio sugirieron que tanto el control emocional como la flexibilidad cognitiva estaban vinculados a la adquisición de habilidades acuáticas básicas. No obstante, este estudio tampoco demuestra que el aprendizaje de la natación conduzca directamente a una mejora en estas capacidades.
Para desplazarse en el agua, los niños deben coordinar múltiples movimientos simultáneamente, regulando la respiración, manteniendo la postura y respondiendo a las indicaciones de los adultos a su alrededor. Esta actividad promueve ajustes de postura y movimiento, lo que puede favorecer el desarrollo del control corporal. Asimismo, la respuesta a distintos estímulos puede involucrar procesos relacionados con las funciones ejecutivas.
Los datos disponibles indican que las actividades acuáticas tempranas pueden ser beneficiosas para el desarrollo motor y que hay resultados prometedores en algunas habilidades cognitivas, en particular la flexibilidad cognitiva. Sin embargo, los especialistas advierten que aún no se cuenta con evidencia suficiente para asegurar que aprender a nadar antes de los 5 años, por sí mismo, resulte en un desarrollo significativo de determinadas capacidades cognitivas. Aunque los hallazgos son alentadores, se demandan investigaciones más extensas y rigurosas para establecer una relación causal.


















