La experta sostiene que, siempre que el ambiente sea seguro, los niños deberían estar descalzos el mayor tiempo posible, dado que los estímulos que reciben a través de la planta del pie son fundamentales para el desarrollo del equilibrio, la percepción y la coordinación.
Según Moya, los zapatos no son necesarios durante la etapa de gateo ni cuando el niño comienza a incorporarse.
La especialista indica que el primer calzado debe introducise una vez que el niño puede caminar de forma autónoma, es decir, cuando puede dar aproximadamente diez pasos seguidos sin caerse. Hasta ese momento, es recomendable dejar que el pie se mueva libremente.
“Si le ponés un zapato y modifica demasiado la forma de caminar, no es adecuado”, subraya la podóloga.
Moya señala que los estímulos sensoriales que recibe la planta del pie son cruciales para establecer el “mapa corporal” en el cerebro.
Entre los beneficios de caminar descalzo en la infancia, resalta:
La especialista enfatiza que la función del calzado no debe ser la corrección del pie, sino su protección cuando el niño empieza a desplazarse sobre superficies que podrían resultar peligrosas.
Uno de los consejos más relevantes de la podóloga se centra en la elección de la talla adecuada. Muchas familias suelen introducir un dedo detrás del talón para verificar el espacio en el zapato. Sin embargo, Moya advierte que los niños, al ponerse el calzado, tienden a encoger los dedos, lo que puede dar la falsa impresión de que la medida es adecuada.
La técnica que propone es más precisa: retirar la plantilla del zapato y colocar el pie del niño sobre ella, dejándole un margen de entre 8 milímetros y 1 centímetro entre el dedo más largo y el borde de la plantilla.
Además de elegir la talla correcta, Neus Moya aconseja que el zapato se asemeje lo más posible a la sensación de caminar descalzo.
Entre sus recomendaciones se encuentran:
La especialista concluye que un zapato que sea excesivamente grande también puede resultar perjudicial, ya que podría hacer que el niño modifique su forma de caminar para evitar que el calzado se deslice, lo que afectaría su desarrollo motor.


















