Para una niña de su edad, esa explicación podría haber sido complicada de comprender. Sin embargo, sus padres manejaron la situación con naturalidad. Su intención era simplemente que ella supiera la verdad y luego seguir adelante con su vida.
“Mis padres me dijeron que había una diferencia en mi nacimiento antes de que empezara la escuela. Me mostraron el video de mi llegada, que era bastante intenso para mí”, recordó Louise, ahora de 48 años, reflexionando sobre aquellos momentos en el contexto de una revolución científica.
“No hicieron un gran alboroto al respecto. Simplemente querían que yo lo supiera. A lo largo de mi vida, mientras mis padres eran entrevistados, yo estaba presente, escuchando y aprendiendo. Así que, para mí, se volvió algo natural. Cada vez que tenía una pregunta, podía preguntarle a mi mamá, aunque no era un tema que discutiéramos normalmente en la mesa”, expresó.
Cuatro años después, nació Natalie, su hermana menor, quien también llegó al mundo a través de la fertilización in vitro. De esta manera, lo que en un principio había sido un avance médico extraordinario se convirtió en parte de su vida cotidiana: “Cuando nació mi hermana, todo fue normal, como el resto de nuestra educación”.
Louise Joy Brown vio la luz del día el 25 de julio de 1978 en Inglaterra y se convirtió en la primera persona nacida mediante el exitoso procedimiento de fertilización in vitro (FIV). Su llegada fue posible por el trabajo de los científicos Robert Edwards y Patrick Steptoe, quienes lograron fecundar un óvulo fuera del cuerpo y luego transferir el embrión al útero de su madre. Lo que en aquel entonces parecía un milagro imposibe se transformó en uno de los hitos más significativos de la medicina reproductiva. El trabajo de Edwards fue reconocido en 2010 con el Premio Nobel de Fisiología o Medicina.
En la actualidad, a sus 48 años, Louise se encuentra en Buenos Aires por primera vez, invitada como figura destacada en el XXII Congreso Argentino de Medicina Reproductiva, que está siendo organizado por la Sociedad Argentina de Medicina Reproductiva (SAMeR).
“Argentina siempre ha estado a la vanguardia de los tratamientos de fertilización asistida. Este Congreso se lleva a cabo cada dos años, pero este año es la primera vez que realizamos una conferencia de prensa antes de comenzar, y contar con Louise Brown es un evento trascendental”, comentó el doctor Agustín Pasqualini, presidente de SAMeR y del Congreso.
El congreso reúne alrededor de 1.500 asistentes de diversas áreas relacionadas con la salud reproductiva, incluyendo 17 invitados internacionales. Entre los temas que se abordarán se encuentran la estimulación ovárica personalizada, nuevas tecnologías de laboratorio, genética y selección embrionaria, preservación de la fertilidad, endometriosis y adenomiosis, factor masculino, fallas de implantación y los dilemas éticos y regulatorios en materia de reproducción asistida.
“Desde su nacimiento, que marcó un antes y un después, ya han nacido 17 millones de niños gracias a tratamientos de fertilización”, destacó Gabriel Fiszbajn, presidente del Comité Científico del Congreso.
La historia de Louise también es la narrativa de su madre, Lesley, y su padre, John. Después de diez años de intentos fallidos para concebir, atravesaron diversos tratamientos y frustraciones hasta optar por la alternativa experimental que cambiaría sus vidas y la historia de la medicina.
La maternidad ha permitido a Louise observar a su propia madre desde una perspectiva renovada. “Cuando tienes tus propios hijos, comienzas a comprender muchas cosas. Pude entender por lo que pasó mi mamá y por qué eligió hacer lo que hizo. Solo cuando te conviertes en padre comprendes ese vínculo profundo que tienen los padres con sus hijos”, explicó.
Cuando se le pregunta que les diría a quienes están enfrentando dificultades para establecer una familia, Louise elige no comenzar con estadísticas ni procedimientos técnicos: “Que mantengan la confianza y la esperanza. A mi mamá le dijeron que tenía una posibilidad en un millón, y aquí estoy”, asegura sonriente.
Louise trabaja para aumentar la conciencia sobre los problemas de fertilidad y para promover un acceso más amplio a los tratamientos. “Esa es una de las razones por las que participo en lo que hago: para generar conciencia. Mis padres enfrentaron muchos problemas y se vieron obligados a recorrer unas 200 millas para acceder al tratamiento”.
Para Louise, los tratamientos de fertilidad no deberían considerarse privilegios reservados solo para aquellos que pueden pagarlos. “Patrick Steptoe y Robert Edwards siempre quisieron que estos tratamientos fuesen accesibles para todos, no solo para los ricos”, aseveró.
Cuando ella nació en Inglaterra, su padre ya tenía dos hijos de un matrimonio anterior, lo que impactaba las posibilidades de su familia para acceder de la misma manera al sistema de salud británico para el tratamiento. “Eso no es justo”, concluyó.
A lo largo de estos años, la reproducción asistida ha cambiado de forma radical. Se han mejorado los procesos de estimulación ovárica, los procedimientos en los laboratorios, los medios de cultivo embrionario y la criopreservación. La técnica de vitrificación de óvulos se ha convertido en una opción clave para preservar la fertilidad, y se han incorporado herramientas genéticas, métodos de análisis de imágenes, automatización e inteligencia artificial.
Estos avances han generado preguntas que hace 45 años no existían: qué hacer con los embriones, hasta dónde extender la selección genética, cómo regular la donación de óvulos y esperma, y qué implicancias tiene el acceso a tratamientos a edades cada vez más avanzadas. Louise sostiene que “esos límites necesitan ser discutidos, pero no puede haber una sola respuesta que aplique a todos”.
“Creo que los médicos y científicos deben discutir entre ellos y llegar a acuerdos. Existe una variedad de situaciones en distintas partes del mundo, lo que hace que sea muy complicado afirmar que debería haber una única regla para todos. Hay factores religiosos, sociales y culturales. Las sociedades son diferentes y algunas cosas no se pueden generalizar”, explicó.
En países como Argentina, la decisión de convertirse en padre o madre suele tomarse a edades más avanzadas. El Congreso abordará específicamente el impacto de la edad sobre la fertilidad. Según datos proporcionados por la SAMeR, la tasa de nacimiento por transferencia de un embrión fresco utilizando óvulos propios supera el 30% entre los 18 y 34 años, mientras que disminuye al 5% o menos entre los 43 y 44 años.
La preservación de óvulos se presenta como una alternativa que, en décadas pasadas, no contaba con la eficacia actual. Sin embargo, los propios expertos advierten que esto no es un seguro de maternidad ni garantiza un nacimiento, ya que las posibilidades futuras dependen de la edad al momento de la vitrificación y la cantidad de ovocitos obtenidos.
Louise también se refiere al actual debate demográfico. En varias naciones, la disminución de la natalidad ha comenzado a suscitar preocupaciones tanto políticas como económicas.
“Cuando mi mamá me tuvo, tenía 30 años, y eso se consideraba tardío por aquel entonces. Pero fue porque estuvo intentando tener un hijo durante diez años”, recordó Louise. Reconoce que hoy las circunstancias han cambiado, y muchas personas optan por posponer la maternidad para buscar mayor estabilidad, desarrollar sus carreras, estudiar, lograr una situación económica más segura o simplemente debido a cambios en sus proyectos personales.
“Todo el mundo está buscando estabilidad. Quieren construir una vida y lograr una situación asegurada. Eso afecta el momento en que toman la decisión de tener hijos”, afirmó.
Desde el Congreso se enfatiza que informarse sobre fertilidad antes de que surjan problemas no significa adelantar un proyecto de maternidad o paternidad, sino que fundamentalmente implica conocer las posibilidades y sus límites.
Durante años, Louise fue presentada como “la primera bebé de probeta”. Su imagen apareció en diversos medios, su nacimiento fue narrado como un milagro y su nombre quedó asociado a una técnica que aún estaba en desarrollo. Sin embargo, ella expresa su deseo de no quedar atrapada en esa etiqueta.
Hoy es una mujer de 48 años, madre de dos hijos, que viaja por el mundo compartiendo su historia y defendiendo una causa que siente como una forma de agradecimiento. Los médicos que hicieron posible su nacimiento ya no están, tampoco su madre. Ella es la que queda.
“Una parte de lo que hago es mi manera de retribuir a la comunidad de la fertilización y la medicina reproductiva. Las personas que trabajaron con mi mamá ya no están. No queda mucha gente de esa época que pueda contar lo que ocurrió cuando nací”, reflexionó.
El jueves, Louise será protagonista de la conferencia “Desde el comienzo de la FIV al futuro”. Actuará como puente entre esa técnica experimental que necesitaba demostrar su viabilidad y un campo que hoy aborda temas como la inteligencia artificial, la genética, la preservación de la fertilidad y nuevas tecnologías.
Sin embargo, cuando le piden que deje un mensaje para aquellos que luchan por tener hijos, su respuesta es un llamamiento a la esperanza, reiterando: “A mi mamá le dijeron que tenía una posibilidad en un millón. Y aquí estoy”.

















