En Los Hornillos, localidad del Valle de Traslasierra, encontró el lugar para concretar el proyecto. Aunque no tenía experiencia en construcción ni conocimientos de albañilería, se acercó a la bioconstrucción y aprendió técnicas para hacer una vivienda hexagonal de barro, paja y madera, integrada al paisaje serrano. También tomó como inspiración el trabajo de Carlos Belanko, especialista en construcciones con materiales naturales.
Para la obra empleó barro, paja, madera, arena y cal, además de técnicas como la quincha. La casa combina una base de cemento con paredes flexibles, diseñadas para adaptarse a los movimientos del terreno. Su forma hexagonal y el uso de recursos del entorno responden a la intención de crear un espacio conectado con la naturaleza.
La construcción avanzó durante los primeros meses en condiciones difíciles y sin servicios básicos. Mientras trabajaba para terminar su hogar, Jésica se iluminaba con un farol solar y buscaba agua en un arroyo cercano.
La vivienda tiene 30 metros cuadrados y reúne técnicas tradicionales con soluciones orientadas a reducir el consumo de recursos. Entre sus rasgos distintivos están los techos vivos, que forman parte de la propuesta de bioconstrucción, y las paredes de adobe y quincha, hechas con barro, paja y madera. Las terminaciones son artesanales.
Con el objetivo de alcanzar una mayor autonomía, Jésica incorporó paneles solares y un sistema para captar agua de lluvia. Así puede aprovechar fuentes naturales de energía y abastecimiento.
La casa también fue el lugar donde crió a su hijo y construyó una nueva vida. Lo que empezó como un proyecto de autoconstrucción se convirtió en otra manera de habitar, con más contacto con el entorno natural y con el trabajo de los materiales de la tierra.

















