Sin embargo, detrás de este trayecto hay una historia más profunda. Durante la pandemia de Covid-19, Juan Carlos sufrió la pérdida de su hermano, su cuñada y su compañera de vida en un lapso de apenas cinco meses. Estas experiencias lo llevaron a una grave depresión, que culminó en la inmovilidad de sus piernas.
A partir de ese momento, inició un arduo proceso de recuperación, enfrentándose no solo a las secuelas físicas, sino también al duelo por las personas más queridas de su vida.
“En mi peor momento no podía sentarme ni levantarme, me arrastraba para moverme”, compartió Juan Carlos. Tras varios días de espera en el Hospital Madariaga, una médica lo atendió y facilitó su internación. Con el tiempo, comenzó a recuperarse lentamente y, aunque aún enfrenta dificultades, especialmente en uno de sus tobillos, logró volver a caminar.
“Hoy puedo moverme y realizar actividades por mi cuenta, sin depender de nadie”, afirmó. Con una cuidadosa atención, Juan Carlos camina esas 23 cuadras, demorándose alrededor de una hora en llegar. Ha dejado atrás al hombre que solía arrastrarse para trasladarse.
A sus 68 años, Juan Carlos ha recuperado un rol que había quedado relegado: el de estudiante. Además, ha sido reconocido como abanderado de su escuela, un distinción que lleva con orgullo y que simboliza una nueva fase en su vida tras haber enfrentado momentos complicados.
Cada mañana, llega cerca de las ocho y asiste hasta las diez, compartiendo esos momentos con compañeros y maestras, con quienes ha construido un vínculo cercano desde su llegada. “La escuela se convirtió en un espacio muy significativo para mí. Me gusta participar, interactuar con los demás y aprender”, destacó.
Su regreso a las aulas también le permitió descubrir nuevas actividades, como la costura y el cuidado de jardines. “Aprendí a utilizar la máquina de coser para confeccionar fundas de almohadones para los niños internados en el Hospital de Pediatría. Además, me he apasionado por cuidar las plantas y trabajar en los jardines”, relató Juan Carlos.
Para él, retomar el aprendizaje ha simbolizado recuperar una parte de su vida que consideraba cerrada. Ahora cuenta con una rutina, nuevos compañeros y ocupaciones que lo mantienen activo, y cada día renueva con orgullo su papel como abanderado en la escuela que se ha vuelto central en su vida.
Juan Carlos nació en Oberá, donde creció entre estudios y trabajo en la chacra familiar. “A los 17 años dejé de estudiar y poco después me mudé a Posadas, donde trabajé en una metalúrgica, y más tarde me dediqué a la albañilería”, recordó.
“A los 37 años me casé y tuve una hija, que hoy vive en Buenos Aires y es madre de dos niñas. Más tarde conocí a Victorina, con quien compartí once años hasta que falleció de cáncer”, rememoró con tristeza. Su vida laboral y personal estuvo marcada por el esfuerzo, antes de afrontar una serie de pérdidas que modificarían su rutina para siempre.
El periodo más difícil llegó durante la pandemia, cuando en pocos meses perdió a su hermano, su cuñada y su pareja, tres seres queridos que formaban parte fundamental de su cotidianeidad. “Éramos cinco hermanos, tres fallecieron y solo quedamos dos”, recordó con pesar.
A pesar de estos duros momentos, también hubo espacio para el amor. Juan Carlos conoció a María en el geriátrico, y llevan juntos casi cuatro años. Se refiere a ella con cariño y afirma que su relación se ha convertido en un pilar importante de su día a día.
“En septiembre cumplimos cuatro años y, honestamente, estamos muy enamorados. Nos llevamos maravillosamente y disfrutamos mucho nuestra compañía”, dijo sonriendo. Para él, compartir su cotidianidad con María es esencial en esta nueva fase de su vida.
Sus jornadas comienzan temprano, levantándose alrededor de las cinco de la mañana para preparar mate, escuchar música y desayunar antes de dirigirse a la escuela. Posteriormente, retorna a su casa, donde halla tiempo para jardinería, costura, ver televisión y escuchar música.
Las 23 cuadras que camina también responden a consideraciones económicas. “Soy jubilado y percibo $360.000 al mes, por eso prefiero caminar en lugar de gastar casi $4.000 diarios en colectivo. Si utilizo ese dinero en transporte, luego se me complicaría llegar a fin de mes”, reconoció.
Caminar ha pasado a ser tanto una necesidad como un logro personal. Después de haber experimentado una etapa en la que no podía valerse por sí mismo, Juan Carlos sale cada día de su hogar, llega a la escuela y lleva consigo la bandera. Aunque se acerca a los 70 años, él mismo se describe de esta manera: “Con mi edad no me siento viejo, al contrario, cada día me siento más joven.”


















