El análisis surgió de una conferencia internacional dedicada a la minería, un sector considerado estratégico para la Argentina por su potencial en recursos minerales. Durante el encuentro se destacó el creciente peso de los gobiernos en el desarrollo y financiamiento de proyectos vinculados con minerales críticos.
El cobre fue señalado como el principal mineral estratégico para acompañar las transformaciones de la economía mundial. Su utilización resulta fundamental en los sistemas eléctricos y también en los centros de datos, que requieren grandes cantidades del metal para el cableado y los sistemas de refrigeración, además de acero y aluminio.
El escenario del litio es diferente. No existe una preocupación central por la disponibilidad geológica del recurso, sino por los costos necesarios para extraerlo y procesarlo de manera competitiva. El mineral es abundante en la corteza terrestre y actualmente no cuenta con un sustituto para la química utilizada en las baterías. Por eso, la competitividad estará determinada principalmente por la capacidad de producir a menor costo.
El precio del litio, que llegó a alcanzar los US$80.000 por tonelada, actualmente se ubica alrededor de los US$20.000. Este nivel es considerado razonable y no se prevé una situación de escasez. El desafío estará en ampliar la cantidad de plantas de procesamiento y distribuirlas en distintas regiones.
En el caso del cobre, la oferta está más concentrada. Chile, la República Democrática del Congo y Perú representan casi la mitad de la producción mundial. El precio actual ronda los US$14.000 por tonelada, unas cuatro veces más que el aluminio, una diferencia que limita las posibilidades de sustitución del metal.
La dimensión geopolítica también tiene un peso creciente sobre las cadenas de suministro de minerales críticos. China concentra alrededor del 90% del procesamiento mundial de tierras raras, resultado de una estrategia desarrollada durante las últimas tres décadas. En abril de 2025, el gobierno chino restringió las exportaciones de siete elementos de tierras raras en respuesta al incremento de los aranceles estadounidenses. La medida tuvo efectos inmediatos sobre las cadenas de suministro vinculadas con las industrias de defensa y movilidad de Estados Unidos.
Frente a este escenario, Estados Unidos, Australia y Canadá comenzaron a tener una participación más directa mediante subsidios y líneas de crédito destinadas al sector. Entre los casos destacados se encuentra una empresa estadounidense dedicada a las tierras raras, en la que el Departamento de Defensa de Estados Unidos adquirió una participación del 25% por US$400 millones y aseguró un contrato de compra por diez años, con precios mínimos superiores a los valores de mercado.
El financiamiento estatal y multilateral también comenzó a adquirir mayor relevancia en los proyectos mineros argentinos. Entre ellos se encuentra el desarrollo de un proyecto de litio ubicado en el Salar del Rincón, en Salta, que contempla una producción de 60.000 toneladas anuales de carbonato de litio.
Para ese emprendimiento se estructuró un préstamo sindicado a 11 años por US$1.175 millones. El esquema incluye financiamiento directo del Banco de Cooperación Internacional de Japón (JBIC), además de otros créditos respaldados por esa entidad y por organismos de financiamiento australianos y multilaterales.
El proyecto es considerado uno de los primeros estructurados bajo el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI) y un ejemplo del tipo de esquema financiero que podría extenderse a otros emprendimientos a medida que las instituciones aumenten su prioridad sobre los minerales críticos.
América Latina ocupa una posición relevante en este escenario, al concentrar el 41% de la producción mundial de cobre y el 19% de la producción de litio. Este último es, además, el mineral producido a menor costo a nivel global en la región. Las proyecciones ubican para 2040 el mercado minero latinoamericano en unos US$130.000 millones, mientras que el segmento de refinación podría alcanzar otros US$24.000 millones. El crecimiento estaría impulsado principalmente por la expansión del cobre en Chile y Perú y por el aumento de la producción de litio y níquel.
Argentina también aparece como uno de los países con mayor potencial. La exploración y la inversión minera alcanzaron niveles históricos, respaldadas por los recursos geológicos disponibles en cobre, litio y oro y por cambios en el régimen fiscal que favorecieron la llegada de capitales y nuevos proyectos.
Bolivia, pese a contar con recursos de litio de magnitud similar, enfrenta mayores dificultades para convertir ese potencial en producción debido a problemas vinculados con la estabilidad regulatoria.
En cuanto a la Argentina, el sector financiero evalúa nuevos proyectos de cobre que podrían avanzar hacia futuras rondas de financiamiento, aunque no fueron identificados emprendimientos específicos.
El principal desafío para el crecimiento de la oferta de minerales críticos será el financiamiento. Para responder a la demanda proyectada durante los próximos nueve años se necesitarían inversiones por US$1,65 billones. De ese total, unos US$780.000 millones corresponderían al cobre y US$340.000 millones al litio, en un escenario en el que estos proyectos también deberán competir por capital con otros sectores en expansión, entre ellos la inteligencia artificial.


















