Entre la noche del 27 y la madrugada del 28 de agosto se observó el último eclipse lunar de 2026. Este fenómeno astronómico, conocido como “Luna de Sangre”, convocó a miles de personas en diferentes continentes para apreciar un evento memorable. La manifestación cósmica comenzó a ser visible de manera sutil a partir de las 22.23 (hora argentina). Diez minutos después, se dio inicio a la fase parcial, cuando la sombra de la Tierra comenzó a cubrir la superficie lunar. A la 1.11 de la madrugada se alcanzó el momento más esperado: aproximadamente el 97% de la superficie lunar fue oscurecida por la umbra terrestre, lo que provocó que la llamada Luna del Esturión adoptara su característico color rojizo. Sin contar la fase penumbral —una etapa antes y después en la que la Luna solo pierde ligeramente su brillo, difícil de notar a simple vista—, el fenómeno duró 3 horas y 18 minutos. Considerando la fase penumbral, el evento se extendió a 5 horas y 38 minutos, finalizando completamente a las 4.01 (hora argentina). Sin embargo, a esa hora de la madrugada, la precisión de los relojes perdía relevancia. Lo verdaderamente significativo tuvo lugar en otros registros, más personales y perdurables: el de un conjunto de imágenes que, en ese lapso, quedaron grabadas en la memoria colectiva de millones de espectadores.


















