En el noveno mes del año, la cuenta corriente cambiaria alcanzó un superávit de US$ 1.521 millones, por encima de los resultados de los tres meses anteriores. De esta manera, completó seis períodos consecutivos con saldo positivo y acumuló un excedente de US$ 5.858 millones entre enero y septiembre.
El resultado estuvo sostenido principalmente por el intercambio de bienes, que dejó un saldo favorable de US$ 3.317 millones. Las exportaciones totalizaron US$ 9.534 millones, el segundo registro mensual más elevado de 2026, mientras que las importaciones llegaron a US$ 6.217 millones.
A este desempeño se sumaron los menores compromisos por intereses, que demandaron US$ 517 millones, y la reducción de los giros netos al exterior por utilidades y dividendos. Este último concepto registró egresos por US$ 205 millones, frente a un promedio mensual de US$ 616 millones desde abril.
No obstante, el intercambio de servicios mostró un comportamiento desfavorable. En septiembre, el rubro registró un déficit de US$ 1.061 millones, el más alto de los últimos 17 meses. El turismo explicó una parte importante de ese resultado, con un saldo negativo de US$ 600 millones y egresos que rondaron los US$ 950 millones durante el período.
El escenario fue diferente al observar la cuenta capital y financiera, que contabiliza los movimientos de capital y las operaciones financieras con el exterior. En septiembre, este componente registró un déficit de US$ 3.162 millones, uno de los más elevados del año, en un nivel similar al observado en junio. Con ese resultado, el saldo negativo acumulado durante los primeros nueve meses de 2026 llegó a US$ 1.418 millones.
Entre los principales factores que explicaron las salidas de divisas se encontraron los pagos de capital al Fondo Monetario Internacional (FMI), por US$ 794 millones, y los compromisos netos con otros organismos internacionales, que sumaron US$ 389 millones.
También incidió el incremento de la Posición General de Cambios de los bancos, que aumentó US$ 1.601 millones. Se trata de la liquidez propia en moneda extranjera que las entidades financieras mantienen fuera de los fondos encajados en el Banco Central de la República Argentina (BCRA).
Otro elemento relevante fue la demanda de dólares por parte de las personas humanas, que alcanzó los US$ 2.900 millones y se mantuvo en línea con el promedio de los seis meses anteriores. Esta tendencia se sostiene desde la flexibilización de las restricciones cambiarias para las personas, implementada en abril de 2025.
Desde entonces, las compras brutas de divisas acumularon US$ 50.186 millones, de acuerdo con los registros del BCRA. Puntualmente, en septiembre de 2026, alrededor de 1,6 millones de personas adquirieron billetes por US$ 2.896 millones. Si se descuentan las ventas realizadas durante el mismo período, las compras netas de efectivo alcanzaron los US$ 2.471 millones.
La demanda de moneda extranjera ya había mostrado un fuerte crecimiento en julio, cuando las compras netas de las personas humanas pasaron de US$ 2.821 millones a US$ 4.124 millones, el nivel más alto registrado durante 2026.
La combinación de estos movimientos también se reflejó en las reservas internacionales. Durante septiembre, las tenencias del Banco Central disminuyeron US$ 2.167 millones y finalizaron el mes en US$ 46.092 millones.
Los datos muestran que el saldo positivo generado por el comercio exterior no se traduce necesariamente en una acumulación equivalente de reservas. La evolución de las divisas también depende de los compromisos financieros, los pagos de deuda y las decisiones de dolarización de los distintos sectores de la economía.
Para el cierre del tercer trimestre de 2026, las proyecciones estiman que la cuenta corriente cambiaria alcanzará un superávit cercano a los US$ 3.000 millones. Se trata de un resultado significativo en relación con el nivel actual del tipo de cambio real multilateral.
Como referencia, durante el segundo trimestre de 2017, cuando el tipo de cambio real se encontraba en niveles similares a los actuales, el resultado de la cuenta corriente cambiaria había sido deficitario en aproximadamente US$ 4.000 millones.
La explicación de este cambio se encuentra, principalmente, en el aporte de Vaca Muerta y en el nivel contenido de las importaciones debido a la coyuntura económica. Ambos factores contribuyen a aliviar las necesidades de divisas y a desplazar las restricciones externas que históricamente condicionaron el funcionamiento de la economía argentina.

















