Con temperaturas que rondan los 0 grados y marcas de hasta bajo cero en algunas zonas del conurbano bonaerense, resurge la pregunta que muchos aficionados al clima se hacen cada invierno: ¿existe la posibilidad de que vuelva a nevar en la Ciudad de Buenos Aires?
De acuerdo con meteorólogos consultados, a pesar de que se trata de un fenómeno sumamente raro, no es imposible que nieve en la Capital Federal. Sin embargo, para que esto suceda, deben darse una serie de condiciones atmosféricas muy concretas que son poco comunes en esta región del país.
Primordialmente, se requiere la entrada de una masa de aire polar de alta intensidad, capaz de hacer descender las temperaturas a niveles extraordinarios.
No obstante, el frío por sí solo no es suficiente; también es indispensable contar con humedad y precipitaciones simultáneamente. Es decir, necesita haber un sistema inestable que produzca lluvias o lloviznas precisamente cuando las temperaturas en la superficie estén alrededor de los 0 grados o incluso más bajas.
Además, hay un factor crucial: el aire frío debe mantenerse tanto en la superficie como en las capas medias y altas de la atmósfera. Si, a mayor altitud, las temperaturas son más cálidas, los copos se derretirán antes de llegar al suelo, haciendo que la precipitación se manifieste como lluvia.
La proximidad del Río de la Plata y del océano Atlántico también influye en Buenos Aires, ya que suelen moderar las temperaturas, dificultando que el frío extremo permanezca por periodos prolongados.
Por esta razón, aunque han ocurrido episodios de aguanieve o copos aislados en el AMBA, los casos de acumulación de nieve son considerados excepcionales en la historia de la ciudad.
La rareza de estos fenómenos ilustra cuán complicado es resolver el enigma climático en la región. En la crónica documentada de la Ciudad de Buenos Aires y sus alrededores, solo se han registrado dos grandes nevadas.
La primera nevada de relevancia que los porteños vivieron tuvo lugar en el invierno de 1918, cuando una ola de frío histórica cubrió la Capital, transformando lugares emblemáticos como la Plaza de Mayo en paisajes cubiertos de blanco.
En esa ocasión, las familias salieron a las calles para construir los primeros muñecos de nieve de la historia local, aunque el suceso también generó serios inconvenientes en los servicios públicos de la época.
Pasaron exactamente 89 años para que este fenómeno meteorológico se repitiera. Durante el feriado por el Día de la Independencia, una entrada de aire antártico coincidió con la humedad indispensable.
La nevada comenzó de manera tímida al mediodía y se prolongó hasta la madrugada del día siguiente, acumulando varios centímetros en diversas áreas del conurbano, como Ezeiza, Morón y Ramos Mejía, dejando una huella imborrable en la memoria colectiva.


















