Andrés Kreiner, investigador superior de la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) y del CONICET, expuso este diagnóstico. Afirmó que el principal desafío actual no es la falta de conocimientos ni la infraestructura, sino la significativa caída del poder adquisitivo de los trabajadores y la consecuente fuga de personal altamente capacitado.
“El sector nuclear estatal se está asfixiando salarialmente”, resumió Kreiner. Detalló que los salarios han perdido más del 50% de su poder adquisitivo en relación al índice de precios al consumidor durante los últimos dos años, una situación que ya se refleja en la estructura de la institución. “Ha producido un éxodo del orden de 500 personas. Algunas se jubilaron, pero la mayoría se marchó porque no pueden subsistir con esos salarios”, aseguró el investigador.
El impacto de esta crisis se torna más evidente al examinar casos específicos. Entre ellos, mencionó a Paula Alderete, una técnica que opera un microscopio electrónico de alta complejidad y que, según indicó, recibe entre 600.000 y 700.000 pesos mensuales. “Estos salarios son realmente salarios de hambre”, enfatizó Kreiner. Asimismo, comentó que un ingeniero con algunos años de experiencia percibe alrededor de 1,2 millones de pesos, y la remuneración más alta de la CNEA, correspondiente a su categoría como investigador superior, se encuentra entre 2,4 y 2,5 millones de pesos.
El investigador subrayó que la crisis no se limita a científicos e ingenieros. “Se está echando a profesionales, técnicos y también administrativos”, subrayó, explicando que cada función en una institución compleja como la CNEA es fundamental para su operación diaria.
Kreiner también buscó contextualizar la relevancia del sector nuclear para el país, recordando que Argentina cuenta con tres centrales nucleares en funcionamiento que generan aproximadamente el 10% de la electricidad nacional. Sin embargo, enfatizó que esto es solo una parte de la actividad nuclear.
El sector médico es uno de los ámbitos en los que esta capacidad se refleja claramente. La producción de radioisótopos, por ejemplo, resulta crucial para diagnósticos y tratamientos de alta complejidad. Mencionó el tecnecio-99, “uno de los radioisótopos más utilizados”, que se utiliza junto con un medicamento para localizar preferentemente tejidos tumorales, facilitando la detección de lesiones gracias a la radiación que emite.
Además, está en construcción el Centro Argentino de Protonterapia frente al Hospital Roffo. Kreiner explicó que esta tecnología representa un avance respecto a los tratamientos convencionales, ya que utiliza haces de protones que concentran la radiación con mayor precisión sobre los tumores y minimizan el daño a los tejidos sanos.
Las aplicaciones del sector nuclear también se extienden más allá de la medicina. En el Centro Atómico Constituyentes, se irradian celdas solares para misiones espaciales y componentes electrónicos que deben soportar niveles de radiación extremos, contribuyendo así al desarrollo tecnológico de diversas industrias.
Acerca de la posible participación privada en el desarrollo nuclear, Kreiner aclaró que el sistema argentino nunca funcionó exclusivamente bajo control estatal. Citó a CONUAR, una empresa que fabrica combustibles nucleares, en la que la CNEA tiene poco más del 30% de las acciones, mientras que el resto pertenece al grupo Pérez Companc. No obstante, advirtió que el deterioro salarial transforma este escenario. “Hay una mano de obra muy calificada que está regalada”, indicó. En este contexto, una empresa extranjera podría establecerse en Argentina y, ofreciendo salarios solo dos o tres veces superiores, captar talento cuyo desarrollo tomó años en el sistema público.
Por lo tanto, Kreiner expresó que no se opone a las inversiones privadas, pero sugirió que deberían estar orientadas hacia modelos de cooperación. “Si hubiera una asociación en la que una empresa aporta capital y la Comisión ofrece sus recursos humanos altamente calificados para desarrollar proyectos en conjunto, lo veríamos de otra forma”, propuso.
Extendió su preocupación hacia la política energética a largo plazo. Recordó que Argentina desarrolló durante años una línea tecnológica basada en reactores de uranio natural y agua pesada, lo que le permitió construir autonomía en un área estratégica. En ese sentido, manifestó su inquietud por el futuro del único sitio habilitado para construir una nueva central nuclear, cuestionando que “ese sitio se lo están ofreciendo graciosamente a una empresa”. Reforzó que es crucial preservar las capacidades acumuladas para mantener la independencia tecnológica del país. “La Argentina tiene una línea tecnológica del uranio natural y agua pesada que nos independiza tecnológicamente y nos da seguridad energética”, concluyó.

















