En un contexto de mayor presión global sobre el tipo de cambio, combinado con un repunte que los analistas catalogan como “estacional” en la demanda del dólar en el mercado local, el Banco Central recurrió a diversas medidas para gestionar el aumento del tipo de cambio, tal como lo había hecho en meses anteriores. Por un lado, incrementó la oferta en el mercado de futuros, y por otro, participó en el mercado secundario ofreciendo instrumentos de cobertura cambiaria para “desviar” la demanda de inversores y empresas.
Al mismo tiempo, el Central ha reducido sus compras en el mercado mayorista de cambios, limitándose a adquirir solo US$290 millones en las primeras ruedas de julio, cifra considerablemente inferior al promedio alcanzado durante el primer trimestre del año.
Paralelamente, las proyecciones de inflación de los economistas se han moderado, según el último Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM), y algunos analistas sugieren que existen factores que justificarían estimaciones de inflación aún más bajas para lo que resta del año. De hecho, el top 10 de encuestados sitúa la inflación de junio, que será publicada el martes, por debajo del 2%.
La semana pasada, aparecieron dos elementos adicionales que sugieren que el Gobierno considera al dólar como una ancla fundamental hasta fin de año. Por un lado, se autorizó una mayor emisión de bonos Lelink (de hasta u$s 1.000 millones), lo que otorga al Banco Central más herramientas para intervenir y controlar el mercado cambiario. Además, se logró prorrogar el vencimiento de una deuda de US$6.000 millones en un REPO con bancos privados.
“Las señales del Tesoro y del Banco Central indican que se busca reducir la volatilidad del tipo de cambio sin endurecer demasiado las condiciones monetarias. Mientras el Tesoro inyecta un gran volumen de pesos en la economía, también está retirando parte de ese total a través de la venta de instrumentos dollar linked. Esta estrategia podría aliviar la presión sobre las tasas en el corto plazo, al tiempo que se intenta controlar la porción de pesos que buscan dolarizarse, lo que debería moderar los movimientos del tipo de cambio”, comentaron fuentes del sector.
Con un panorama de inflación en descenso y un dólar controlado, algunos analistas piensan que los instrumentos en pesos pueden volver a ser atractivos. “La combinación de un MLC contenido por decisión oficial y expectativas de inflación estables o en baja, abre una pequeña ventana para el carry trade de corto plazo para perfiles moderados”, expresó un consultor financiero.
No obstante, advierten que el margen de maniobra para esta estrategia es limitado. “El riesgo radica en la asimetría: con el dólar en la franja de $1.490 y un límite de facto establecido por la intervención oficial en torno a $1.500, junto con tasas de interés en pesos que rondan el 20% TNA en REPO y un control de rendimientos que impide el aumento del tipo de cambio, ese diferencial favorece al peso, siempre que la presencia oficial se mantenga en niveles adecuados”.
El carry trade fue la estrategia más exitosa del primer semestre, con el BONCER liderando, aunque la subida del dólar en junio redujo parte de los rendimientos. De cara al futuro, los bonos atados a la inflación y los duales se perfilan como los instrumentos con mayores probabilidades de ofrecer rendimientos en moneda dura hasta fin de año.


















