Los trabajadores suelen recurrir a estos préstamos para la adquisición de bicicletas, motos o para llevar a cabo reparaciones necesarias que les permitan continuar con su actividad. Los trabajadores de estas aplicaciones acumulan una deuda promedio cercana al millón de pesos, en muchos casos contraída con las mismas empresas de aplicaciones para las que prestan servicios.
Esta situación repercute fundamentalmente en quienes se dedican a esta labor de manera exclusiva y no tienen acceso a la financiación tradicional.
El informe del Banco Central incluye un capítulo específico sobre la economía de las aplicaciones, destacando que un 70 % de los deudores son jóvenes menores de 40 años, la mayoría empleados a tiempo completo de estas plataformas. Los créditos se presentan como la única opción viable para quienes no pueden acceder a préstamos bancarios debido a la falta de ingresos formales o antecedentes crediticios.
Las aplicaciones de delivery ofrecen créditos de manera casi instantánea, utilizando parámetros como las horas trabajadas o la calificación obtenida en la plataforma para determinar la elegibilidad. Los créditos se otorgan únicamente a quienes trabajan más horas o en horarios de alta demanda, es decir, a quienes generan ingresos suficientes para afrontar el pago de la deuda y evitar caer en mora.
Normalmente, los créditos son a seis meses, con cuotas que no deben exceder el 30 % de los ingresos del trabajador. Se ha observado que el sistema privilegia a aquellos empleados que muestran una mayor capacidad de pago, excluyendo a quienes laboran menos horas. La mayoría de los beneficiarios utilizan estos fondos para asegurar la continuidad de su trabajo.
Por su parte, los comercios vinculados a estas aplicaciones también recurren a préstamos, empleando el financiamiento para afrontar gastos urgentes como reparaciones de heladeras o la compra de estanterías, con el fin de mantener su funcionamiento.
Respecto a las tasas de interés de los créditos proporcionados por las aplicaciones de delivery, estas no son comunicadas de manera clara y pública. Las aplicaciones sostienen que ofrecen tasas competitivas, incluso más bajas que las de las fintech. Sin embargo, no informan cuál es la tasa de interés efectiva y hasta el momento nadie ha transparentado los datos del sistema. Esta falta de información dificulta que los trabajadores conozcan el costo real de los créditos que toman y, en consecuencia, el alcance de su endeudamiento.
El informe del Banco Central también reveló que la tasa de morosidad entre los trabajadores de aplicaciones es del 11,7 %, una cifra inferior al 12,7 % del sistema general y al 13 % registrado en las fintech.
El crecimiento de los créditos en la economía de aplicaciones ha generado inquietud sobre la verdadera capacidad de pago de los trabajadores. Se ha señalado que el mayor riesgo radica en que las cuotas no lleguen a representar una parte significativa de los ingresos, para evitar el incumplimiento y los intereses adicionales. Es fundamental seguir de cerca la evolución de la mora. Si el endeudamiento permite que los trabajadores crezcan y mejoren su calidad de vida, puede ser una herramienta positiva. Pero si termina convirtiéndose en una bola de nieve, el escenario cambia por completo.
El monto promedio de los créditos es considerablemente alto en comparación con los ingresos típicos de los repartidores, quienes generalmente no obtienen salarios que superen los tres millones de pesos, según indican diversos testimonios. La presión de trabajar largas horas para saldar deudas plantea interrogantes sobre la viabilidad del modelo de negocio actual.
El análisis del Banco Central y de consultoras privadas indica que solo una fracción de los individuos que pierden su empleo se inclina hacia el delivery. Mientras que el 53 % que busca complementar sus ingresos opta por el e-commerce, un 12 % lo hace a través de apps de delivery y un 10 % mediante aplicaciones de transporte.


















