Desde su infancia, el deporte ha sido una constante en su vida. Su madre, Mariana Luzuriaga Cavani, argentina, junto a su padre, costarricense, le transmitieron esa pasión por la actividad física. Mariana fue tenista federada en Argentina y más tarde jugó al vóley en GEBA; estudios de Periodismo Deportivo la llevaron a Costa Rica, donde actualmente ejerce como coach deportiva. “Para mí, el deporte es fundamental”, compartió Mariana, reflejando la atmósfera competitiva que Emma ha vivido desde sus primeros años.
El trayecto futbolístico de Emma comenzó a esbozarse desde muy pequeña, con su vida marcada por el movimiento y el esfuerzo. “A los cuatro años ya llamaba la atención por su contextura, estaba muy musculosa. Tiene una mezcla de motivación y genética”, relató su madre. Desde los dieciocho meses, Emma comenzó con la gimnasia en una escuela que forma a deportistas olímpicos. Además, en la escuela, practicó fútbol, y simultáneamente, se destacó en natación y atletismo, donde mostró velocidad y potencia, especialmente en pruebas de 50 y 100 metros.
La infancia de Emma transcurrió entre diversas disciplinas. “Era evidente que iba a inclinarse hacia algún deporte de alto rendimiento”, indicó su madre. Finalmente, el fútbol prevaleció por encima de las demás actividades. A los trece años, Emma dio un paso decisivo en su formación: dejó de entrenar con varones al incorporarse a la Sub-15, donde fue seleccionada para el proyecto FIFA Talent de la Federación Costarricense de Fútbol. A partir de ese momento, su rutina se intensificó con entrenamientos de aproximadamente tres horas, tres veces por semana, lo que no solo fortaleció su vínculo con la selección, sino que también afianzó su dedicación al fútbol de alto rendimiento.
Las convocatorias no se hicieron esperar: cada semana, Emma recibía el llamado de la federación para sumarse a las prácticas, lo que le permitió familiarizarse con el entorno de selección y lucir la indumentaria oficial de Costa Rica. Su desempeño en el campo la llevó a formar parte del equipo que compitió en el Torneo Sub-15 de Concacaf, en el cual, en su debut, Costa Rica logró una impactante victoria de 9-0 ante Haití, anotando Emma uno de los goles.
Con el avance de su carrera, Emma fue convocada en enero y febrero de 2025 para participar en la primera fase de las Clasificatorias Femeninas Sub-17 de Concacaf, con miras al Mundial de Marruecos. En su debut, la selección costarricense se impuso 7-0 a Granada, y Emma marcó el quinto gol de ese encuentro. El equipo no solo avanzó a la siguiente fase, sino que también aseguró uno de los cuatro cupos de Concacaf para la cita mundialista.
Ya consolidada en el plantel, Emma fue parte de la delegación de Costa Rica en el Mundial Femenino Sub-17 de Marruecos 2025, donde FIFA oficialmente la incluyó en la lista de jugadoras del torneo. Aunque el equipo no logró avanzar más allá de la fase de grupos, la delantera participó activamente, y en el partido contra Marruecos, asistió a Naima Moya para anotar el único gol de Costa Rica en ese encuentro. Además, fue promovida a la selección Sub-20 de Costa Rica para competir en el torneo de Concacaf, lo que reafirmó su promesa en el fútbol femenino de su país.
Tras cada paso, la exigencia física y el compromiso fueron permanentes en la vida de Emma. Su madre recordó: “Fue un sacrificio enorme; desde chiquita, ella se levantaba muy temprano para ir al club del colegio de atletismo. Nunca le costó la actividad física y siempre tenía motivación para entrenar, incluso a las cinco de la mañana. Y uno se preguntaba: ‘¿Por qué atletismo?’”.
En junio de 2026, a los 17 años, Emma alcanzó el objetivo que toda futbolista juvenil anhela: debutar con la selección mayor de Costa Rica en un amistoso frente a El Salvador. Este hito la posicionó como una de las promesas más jóvenes en alcanzar ese nivel. Sin embargo, tras ese recorrido, la delantera tomó una decisión que sorprendió a muchos: eligió dejar de representar a Costa Rica para unirse a la selección argentina. Este giro marcaría un antes y un después en su carrera, abriendo un nuevo capítulo en el fútbol argentino después de haber desarrollado un camino formativo y competitivo completamente en el sistema costarricense.
“El sacrificio que hizo al ir a Argentina y cambiar de selección fue enorme porque dejó su zona de confort, dejó su equipo de toda la vida, para incorporarse a uno más competitivo, en un país con mucha más población. El hecho de que se haya ido a Argentina fue como: ‘Guau, esta chica no se conforma, busca mejorar y quiere alcanzar la mayor excelencia posible; no le tiene miedo a los retos’”, comentó Mariana.
Detrás de esa elección se encuentra una sólida identidad argentina. Su madre y toda la familia materna –abuelos, tíos, primos– son argentinos. Su abuelo, próximo a cumplir 102 años, fue nadador de aguas abiertas. La oportunidad de jugar en la selección argentina le brindó a Emma la posibilidad de acercarse a sus raíces familiares mientras representaba la camiseta albiceleste.
Mariana subrayó que, a pesar de la nacionalidad, nunca influyó en la decisión de Emma: “Sinceramente, nunca la presioné. Todo fue elección de ella”. La madre rememoró la conversación que tuvieron cuando Emma le preguntó: “‘Mami, ¿qué hago?’. Yo le respondí: ‘Yo te apoyo. Si te quieres quedar, te quedas. Si quieres irte, te vas. Para mí, sos lo máximo en cualquier selección en la que juegues’. Ella fue quien decidió: ‘No, quiero salir de mi zona de confort’, y vaya que se salió”, concluyó Mariana.
La conexión con Christian Meloni fue el inicio de un proceso de cambio en su carrera. A principios de año, el técnico se puso en contacto con el entorno de Emma para invitarla a una serie de amistosos contra Chile, con la Sub-17 y la Sub-20 que entrenan en simultáneo. En ese momento, la joven no podía participar porque dependía de la aprobación del One Time Switch, la normativa de FIFA que permite un cambio de federación nacional bajo ciertas condiciones. Tras un complicado proceso, finalmente recibió el permiso.
Mariana reflexionó que la decisión de su hija tiene profundas raíces en su familia argentina: “Creo que ella siente un gran orgullo por su herencia. No es que en Costa Rica no haya esta pasión; sin embargo, tiene una fuerza especial de querer vestir la camiseta de Argentina, ya que detrás de esto hay toda una historia familiar que ha forjado su cultura y su identidad, tan vinculada al deporte, y especialmente al fútbol”.
A pesar de las dificultades, la transición no fue sencilla para Emma. Implicó una separación de su entorno habitual y de la rutina familiar a los 17 años, además de aceptar que no podría volver a participar en campeonatos en los que representó a Costa Rica, como el Mundial Sub-17 de octubre, donde Argentina será uno de los equipos competidores.
Con decisión y madurez, Emma optó por un camino que requería comenzar desde las categorías formativas del fútbol argentino. El cuerpo técnico la recibió con los brazos abiertos, reconociendo su proyección y disciplina. Su esfuerzo no pasó desapercibido en su nueva familia deportiva, que valora tanto su recorrido como su determinación.
Este nuevo salto en su carrera la lleva a un futuro internacional. Emma tiene planes de continuar su trayectoria en Arizona State University, en Estados Unidos, donde competirá en la División 1 dentro de la conferencia Big 12, mientras avanza en sus estudios. Antes de este desafío, la delantera jugó en el Sporting FC de Costa Rica, donde consolidó una trayectoria que la llevó de los clubes locales a la competitiva escena global.


















