De acuerdo con los datos del Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV), durante agosto se exportaron 121.908 hectolitros, un 27,8% menos que en el mismo mes de 2022. En dólares, las ventas alcanzaron los u$s45,6 millones FOB, con una disminución interanual del 23%.
El segmento más afectado fue el vino a granel. Sus envíos se redujeron 75,1% en volumen y 75,8% en valor, al pasar de 44.847 hectolitros en agosto de 2022 a 11.165 hectolitros. El vino fraccionado, en cambio, tuvo un retroceso menor, del 10,8% en cantidad y del 17,9% en valor.
Una de las principales causas de la caída de agosto estuvo en las dificultades logísticas provocadas por el cierre del Paso Cristo Redentor, la principal conexión terrestre entre Mendoza y Chile. Las intensas nevadas en la zona cordillerana interrumpieron el tránsito en distintas oportunidades durante el mes y el movimiento de camiones comenzó a normalizarse recién hacia los últimos días.
El impacto fue particularmente fuerte sobre el vino a granel, cuyos despachos dependen en gran medida de la continuidad del transporte terrestre hacia los puertos chilenos del Pacífico, mediante flexi tanks o contenedores isotanque. El vino fraccionado contó con mayores posibilidades para reprogramar operaciones y derivar parte de los envíos hacia terminales ubicadas sobre el Atlántico.
Mendoza concentró cerca del 95% de las exportaciones nacionales y fue, por ese motivo, la provincia más expuesta a las interrupciones del tránsito internacional. La reapertura del paso fronterizo hacia el final de agosto, sin embargo, permite prever que parte de las operaciones que quedaron pendientes puedan concretarse durante septiembre.
El deterioro de agosto no alcanza para revertir por completo el comportamiento acumulado del año. Entre enero y agosto, Argentina exportó 1.257.048 hectolitros de vino, un 0,6% más que durante el mismo período de 2022. En cambio, los ingresos descendieron 7,8%, hasta los u$s400,4 millones.
La diferencia entre volumen y facturación refleja uno de los principales problemas que atraviesa actualmente la actividad. Mientras el vino fraccionado acumuló una caída del 6,8%, el vino a granel aumentó 25,8%, impulsado especialmente por un salto del 156,8% en los envíos de vino blanco. Al mismo tiempo, el precio promedio de exportación bajó 8,4% y quedó en u$s3,18 por litro.
La misma tendencia había aparecido durante el primer semestre: el volumen exportado había crecido 14%, pero el valor de las ventas avanzó apenas 3%. La diferencia estuvo vinculada con una reducción cercana al 10% en el precio medio y con una mayor participación del vino a granel dentro de las exportaciones.
El mosto concentrado también tuvo un agosto negativo, con caídas del 29,5% en volumen y del 35,1% en valor. En el acumulado de los primeros ocho meses del año, sin embargo, el producto mantiene números positivos, con un crecimiento del 17,9% en toneladas y del 6,7% en dólares.
Las dificultades logísticas explican buena parte del resultado de agosto, pero los datos muestran además un problema de mayor alcance para la industria. Argentina viene perdiendo participación en el mercado mundial del vino desde hace más de una década, en un escenario en el que, además, el consumo global se redujo.
El consumo mundial pasó de unos 244 millones de hectolitros en 2017 a 208 millones en 2022, una disminución del 15%. La contracción fue especialmente marcada en China y, sin considerar ese mercado, la reducción global habría sido cercana al 10%.
En paralelo, Argentina perdió peso dentro de las exportaciones internacionales. A comienzos del siglo XXI, el país representaba alrededor del 1,3% del comercio mundial de vino y llegó a alcanzar una participación cercana al 4,7% en 2008. Para 2022, ese porcentaje había descendido hasta aproximadamente el 2,1%.
Los principales mercados de destino presentan situaciones diferentes. Estados Unidos, que concentra cerca del 24% de las exportaciones argentinas de vino, muestra una pérdida de participación para los productos nacionales. Las compras estadounidenses de vino fraccionado proveniente de Argentina disminuyeron 32% en los últimos once años: pasaron de representar el 8,2% de sus importaciones a un 3,7% en 2022.
Brasil, en cambio, ofrece un escenario con mayor margen para recuperar posiciones. Las importaciones de vino fraccionado del país vecino aumentaron con fuerza, desde unos u$s44 millones hacia fines de la década de 1990 hasta cerca de u$s299 millones durante los primeros siete meses de 2022, medidos en dólares constantes.
Argentina también aumentó sus ventas a Brasil, aunque por debajo del crecimiento general del mercado. Su participación, que había rondado el 26% de las importaciones brasileñas durante la primera mitad de la década de 2000, descendió posteriormente hasta aproximadamente el 15% y se recuperó parcialmente hasta el 19% en 2022.
Los datos correspondientes a agosto muestran que Brasil fue nuevamente el principal destino del vino argentino, con 31.869 hectolitros por u$s9,9 millones. En segundo lugar quedó Estados Unidos, con 18.869 hectolitros y u$s8,9 millones, mientras que Reino Unido recibió 16.479 hectolitros por u$s5,2 millones.
Dentro de las variedades exportadas, el Malbec mantiene un claro predominio. En agosto representó el 62,1% de los vinos varietales enviados al exterior, con 63.635 hectolitros, ventas por u$s24,2 millones y un precio promedio de u$s3,8 por litro. Le siguieron el Cabernet Sauvignon, con el 12,9%, y el Chardonnay, con el 6,6%.
Sin embargo, incluso la cepa insignia muestra señales de deterioro. Durante el primer semestre de 2022, las cantidades exportadas de Malbec fueron 36% inferiores a las de 2010, mientras que el precio real obtenido se ubicó 7% por debajo del registrado ese año.
La competitividad del sector no depende únicamente del tipo de cambio. También intervienen los costos internos, la logística, la presión tributaria, el posicionamiento comercial y la capacidad de adaptar la oferta a las nuevas condiciones del mercado internacional.
En ese sentido, también cambiaron las preferencias de los consumidores. Ganan espacio los vinos blancos y rosados, las propuestas más frescas, los productos con menor graduación alcohólica y los nuevos formatos, mientras que algunos tintos tradicionales de precio intermedio muestran una evolución menos dinámica.
Para el corto plazo, la normalización del tránsito por el Paso Cristo Redentor permitirá observar durante septiembre cuánto de la caída de agosto estuvo directamente relacionado con los problemas logísticos y cuánto responde a dificultades más persistentes. Para el mediano y largo plazo, el desafío pasa por mejorar la competitividad, recuperar participación en un mercado mundial más reducido y lograr que un mayor volumen de exportaciones se traduzca también en mayores ingresos.


















