La Policía Nacional abrió una investigación para esclarecer las circunstancias de la muerte de Jesús de Miguel y determinar si hubo alguna responsabilidad legal. El Código Penal español prevé penas de entre uno y cuatro años de prisión para los casos de homicidio por imprudencia grave, aunque todavía debe establecerse si la conducta del arquero podría encuadrarse en esa figura. Una expulsión no equivale a un delito, y una muerte durante un partido tampoco implica, por sí sola, que exista culpabilidad penal.
Owono nació el 1° de marzo de 2001 en Bata, Guinea Ecuatorial. Su infancia estuvo marcada por la separación de su familia: su madre emigró a España en busca de mejores oportunidades económicas y él quedó durante un tiempo al cuidado de otros familiares.
A los ocho años viajó a San Sebastián para reunirse con ella. Por entonces no soñaba con ser futbolista profesional. Su deseo era mucho más sencillo: “Yo solo quería estar con mi madre”, recordó años después en una entrevista.
En el País Vasco empezó una nueva vida. Asistió a la escuela, aprendió euskera y comenzó a jugar al fútbol. Dio sus primeros pasos en el Antiguoko, una institución de San Sebastián reconocida por su trabajo de formación, y luego pasó por las divisiones inferiores de la Real Sociedad.
En 2016, cuando tenía 15 años, recibió una propuesta para sumarse a las categorías juveniles del Deportivo Alavés. Aceptarla suponía dejar otra vez la casa familiar y mudarse a Vitoria para continuar su formación. Su madre lo animó a asumir el desafío.
El esfuerzo dio sus frutos el 2 de enero de 2022, cuando debutó en la Primera División española frente a la Real Sociedad. Se convirtió así en el primer futbolista nacido en Guinea Ecuatorial en disputar un partido en la máxima categoría del fútbol español.
Para entonces ya había iniciado su recorrido internacional. Fue convocado por primera vez a la selección de Guinea Ecuatorial en 2018 y debutó al año siguiente. En julio de 2025 comenzó una nueva etapa en el FC Andorra, primero a préstamo desde el Alavés y luego como incorporación definitiva, con contrato hasta junio de 2028.
Pero el fútbol no ocupa todo el mundo de Owono. El arquero siempre supo que quería construir un futuro más allá de las canchas y por eso empezó a estudiar Administración y Dirección de Empresas. En una entrevista contó que había obtenido matrículas de honor, un reconocimiento académico que alcanzó mientras desarrollaba su carrera deportiva.
Su curiosidad también se refleja en sus intereses culturales. En un reportaje con el periodista Rodrigo Fáez mostró su colección de figuras de Marvel y habló de su admiración por algunos personajes de ese universo. Venom y Thanos están entre sus favoritos.
También disfruta de los videojuegos, en especial del EA Sports FC, y tiene una relación particular con la música. Aunque le gusta el afrobeat, cuando necesita estudiar o concentrarse prefiere escuchar composiciones clásicas. Beethoven es uno de sus elegidos.
Otro aspecto de su personalidad que llamó la atención es su interés por el estoicismo. Esta corriente filosófica propone, entre otras enseñanzas, distinguir entre aquello que depende de uno mismo y lo que escapa al propio control.
Owono contó que encontró en esa filosofía una herramienta para afrontar situaciones difíciles. Esa reflexión adquiere una dimensión particular después de lo ocurrido en Tenerife, aunque sería apresurado usarla para interpretar cómo está atravesando este momento.
Su historia también incluye experiencias dolorosas. En junio de 2024, durante una campaña contra el racismo, Owono recordó los insultos que había recibido desde chico en las tribunas.
“Mono, vete a tu país”, fue una de las agresiones que dijo haber escuchado. El arquero explicó que trabaja con especialistas en salud mental desde muy joven para aprender a manejar esas situaciones.
En sus entrevistas, la familia aparece una y otra vez como su principal motivación. “Juego al fútbol por mi familia”, afirmó en una ocasión. También reveló uno de sus grandes sueños: comprar una casa para sus padres y hermanos, reunirlos y lograr que sus padres pudieran dejar de trabajar. Para Owono, el fútbol no era solo una profesión ni una búsqueda individual de éxito, sino también una forma de devolverles algo a quienes hicieron posible su camino.
La tragedia durante el partido entre Tenerife y Andorra planteó una cuestión que va más allá del deporte: ¿hasta dónde llega el riesgo propio del fútbol y cuándo una acción de juego puede convertirse en delito?
El artículo 142 del Código Penal español establece que quien cause la muerte de otra persona por imprudencia grave puede recibir una pena de prisión de uno a cuatro años.
La legislación también prevé una inhabilitación especial de tres a seis años para ejercer una profesión cuando se demuestra que el homicidio fue cometido por imprudencia profesional.
Sin embargo, la aplicación de esas figuras a un incidente deportivo no es automática. Para que haya una condena penal, la Justicia debería determinar que la conducta del arquero constituyó una imprudencia penalmente relevante, que excedió los riesgos normalmente aceptados en la práctica del fútbol y que tuvo relación causal con la muerte del delantero.
En ese análisis podrían ser decisivos las imágenes de la jugada, los informes médicos, las circunstancias del choque y las conclusiones de la investigación.
La tarjeta roja que recibió Owono tampoco significa por sí sola que haya cometido un delito. Una infracción sancionada por el reglamento deportivo no necesariamente constituye una conducta reprochable desde el punto de vista penal.
El grupo de homicidios de la Policía Nacional española investiga el fallecimiento de De Miguel. Además de las circunstancias del impacto, se analizarían el protocolo médico y la atención que recibió el futbolista en el campo de juego.
Por ahora, la apertura de una investigación no significa que el arquero esté acusado formalmente ni que vaya a ser condenado. La eventual responsabilidad penal dependerá de las pruebas reunidas y de las decisiones que adopte la Justicia.
Todo ocurrió el lunes 2 de noviembre, en el tiempo agregado del partido entre Tenerife y Andorra por la Segunda División española.
El encuentro estaba 2-2 cuando el equipo local lanzó un ataque con una pelota larga. Owono salió a toda velocidad de su área para intentar interceptarla y chocó con Jesús de Miguel. La rodilla del arquero impactó directamente contra el pecho del delantero.
De Miguel cayó desplomado sobre el césped y quedó inmóvil. Sus compañeros y los jugadores del Andorra reaccionaron de inmediato y reclamaron desesperadamente la entrada de los servicios médicos.
El delantero sufrió un paro cardiorrespiratorio y recibió maniobras de reanimación. Los profesionales consiguieron recuperar su pulso y luego fue trasladado para recibir atención hospitalaria.
El árbitro Manuel Ángel Pérez Hernández expulsó a Owono y, ante la gravedad de lo ocurrido, suspendió el encuentro. Según el acta arbitral, los representantes de ambos equipos coincidieron en que no estaban en condiciones anímicas de seguir jugando.
En las primeras horas, el Tenerife informó que De Miguel permanecía inconsciente, aunque “estable dentro de la gravedad”. Sin embargo, durante la madrugada el club comunicó que su estado había “empeorado neurológicamente”.
La peor noticia llegó el martes por la mañana. A las 8, el Tenerife confirmó la muerte del futbolista, de 30 años.
“Rotos de dolor, con un nudo en la garganta y sin poder creer que esto sea verdad”, expresó la institución en el comunicado con el que anunció su fallecimiento.
Mientras tanto, Owono quedó en una situación personal extremadamente delicada. El arquero siguió la evolución de De Miguel a través del delegado y de los servicios médicos de su equipo y quedó profundamente afectado por lo sucedido.
También recibió insultos desde las tribunas y, después del partido, cerró su cuenta de Instagram ante la cantidad de mensajes que empezó a recibir.
El arquero quería comunicarse en privado con la familia del delantero antes de hacer cualquier declaración pública.
El futbolista que llegó desde Guinea Ecuatorial para reunirse con su madre, estudia con Beethoven, colecciona superhéroes y encontró en el estoicismo una manera de pensar aquello que no puede controlar, enfrenta ahora el momento más difícil de su carrera.
La Justicia deberá determinar si aquella salida para disputar una pelota tuvo consecuencias que exceden el ámbito deportivo. Mientras tanto, una familia llora la muerte de Jesús de Miguel y el fútbol español intenta asimilar una tragedia que comenzó con una jugada y terminó de la peor manera.


















