El cierre fue comunicado durante una reunión realizada en Bahía Blanca entre representantes de la empresa y dirigentes sindicales. Los trabajadores y sus representantes no habían recibido información previa sobre el motivo de la convocatoria y conocieron la decisión una vez iniciado el encuentro.
Si bien la fábrica atravesaba una situación complicada desde hacía tiempo, todavía existían expectativas de que pudiera sostener su funcionamiento. Sin embargo, la comunicación del cierre definitivo terminó con esas posibilidades.
Entre los argumentos expuestos para justificar la medida aparece la pérdida de rentabilidad de la actividad y la dificultad para competir con los productos importados. A esto se suma el estado de la maquinaria de la planta, cuya tecnología quedó rezagada frente a las condiciones de producción de otros fabricantes internacionales.
La fábrica ya había mostrado señales de deterioro durante 2025, cuando registraba actividad durante aproximadamente 15 días al mes y aplicaba suspensiones que implicaban una reducción salarial del 30%. En ese momento, la plantilla rondaba los 200 empleados y ya se habían concretado despidos.
La situación se agravó hasta desembocar en el cierre de las instalaciones, que permanecen sin actividad desde el miércoles 4 de noviembre. Según la representación sindical, alrededor de 110 trabajadores estaban comprendidos en el convenio colectivo, mientras que otros 50 se desempeñaban fuera de ese régimen. En total, serían unas 160 personas las que perderían sus puestos.
El impacto, no obstante, podría extenderse mucho más allá de los empleados directos. La fábrica mantenía vínculos comerciales con transportistas, contratistas y proveedores, además de generar un movimiento económico que alcanzaba a distintos comercios de Tornquist. La pérdida de los ingresos de los trabajadores también podría reducir el consumo local y afectar a pequeños establecimientos de la ciudad.
En cuanto a las desvinculaciones, la empresa manifestó su intención de completar el pago de las indemnizaciones y las liquidaciones correspondientes antes de finalizar noviembre. Sin embargo, el compromiso económico no elimina la preocupación por la continuidad laboral de las familias afectadas.
Los trabajadores tienen previsto realizar una asamblea para analizar la situación y definir los próximos pasos frente al cierre de la planta.
La decisión también generó una reacción del gobierno municipal, encabezado por la intendenta Estefanía Bordoni, que expresó su rechazo y preocupación a través de un comunicado oficial. El Ejecutivo local manifestó su solidaridad con los empleados y consideró que la medida representa un fuerte impacto para el entramado económico, productivo y social del distrito.
Desde el Municipio vincularon el cierre con la crisis que atraviesa la industria nacional y cuestionaron las consecuencias de las políticas económicas implementadas por el Gobierno de Javier Milei. Además, remarcaron que la pérdida de los puestos de trabajo afecta no solamente a las personas desvinculadas, sino también a sus familias y a los proyectos de vida construidos alrededor de la actividad industrial.
Con más de seis décadas de trayectoria, Papelera del Sur había logrado consolidarse como una referencia de la producción nacional de cartulinas recicladas. Según la información disponible, las plantas de la empresa ubicadas en Buenos Aires continuarán funcionando.
El cierre de la fábrica de Tornquist deja así a la localidad frente a un escenario complejo, marcado por la pérdida de una fuente importante de empleo y actividad económica. La situación plantea el desafío de encontrar alternativas laborales para los trabajadores afectados y afrontar las consecuencias que tendrá la desaparición de una de las principales referencias industriales de la ciudad.

















