Roberto Castillo, abogado del padre del menor, informó a través de su cuenta de Instagram que la autopsia y los análisis histopatológicos revelaron “múltiples lesiones vitales y recientes en el cráneo; más de veinte infiltraciones hemáticas distribuidas en distintas zonas de la cabeza, hemorragias intracraneales, edema cerebral severo y daño neurológico irreversible”.
El abogado también destacó que la médica forense “encontró lo que ninguna explicación accidental puede explicar: más de 20 infiltraciones hemáticas en el interior del cuero cabelludo”, localizadas en “zona frontoparietal derecha e izquierda, parietal bilateral, temporal y occipital”, apuntando que 12 de estos golpes fueron registrados únicamente en la “zona frontal”.
Adicionalmente, la necropsia reveló cicatrices en la región frontal, submandibular y dorsal del tórax, lo que llevó a Castillo a expresar que el menor había sido víctima de “una historia de violencia crónica durante el aislamiento al que la Justicia lo sometió dejándolo en manos de sus asesinos”, refiriéndose a Mariela Altamirano, la madre, y Maicol González, su pareja, ambos detenidos por el caso.
El abogado afirmó: “No se trató de un accidente (…) La evidencia forense demuestra una violencia reiterada ejercida contra una criatura absolutamente inocente. Incluso uno de los imputados reconoció haberle aplicado ‘correctivos’ y ‘coscorrones'”. Castillo hizo un llamado al Estado para que garantice “la verdad, la responsabilidad penal y una condena” ejemplar para los acusados, subrayando que Ángel “merecía protección, cuidado y amparo”.


















