No obstante, esta situación ha comenzado a cambiar. La notable disminución de la tasa de natalidad, el incremento en la esperanza de vida y un mercado laboral caracterizado por la informalidad están reduciendo el número de aportantes al sistema previsional. Simultáneamente, aumenta la cantidad de personas que alcanzan la jubilación, lo que genera presiones en un sistema que desde hace tiempo enfrenta desafíos para mantenerse.
La problemática se agudiza con el deterioro del empleo registrado. Según datos recientes del Ministerio de Trabajo, en abril se registraron 12.765.000 trabajadores, lo que representa una disminución del 0,2% en comparación con marzo. Al compararlo con el mismo mes del año anterior, el empleo registrado ha caído un 0,7%, con la pérdida de 128.600 puestos en el sector privado y 14.400 en el público.
Los expertos clasifican la evolución demográfica en tres etapas principales. La primera presenta una alta proporción de niños, la segunda, conocida como bono demográfico, ocurre cuando crece el porcentaje de personas en edad de trabajar en relación con quienes son dependientes; y la tercera etapa corresponde al envejecimiento de la población, donde aumenta la cantidad de adultos mayores.
Es en la segunda etapa donde una economía puede acumular riqueza, mejorar la productividad y generar los recursos necesarios para afrontar el envejecimiento poblacional. Si esta oportunidad no se capitaliza, la sostenibilidad de los sistemas previsionales se vuelve cada vez más complicada.
Un abogado especializado en previsión explicó que durante varios años Argentina contó con una ventaja demográfica, ya que la cantidad de personas en edad de trabajar superaba ampliamente a la población dependiente. Según señaló, ese bono demográfico representaba una oportunidad para impulsar el crecimiento, generar empleo de calidad y fortalecer el sistema previsional. Sin embargo, esa ventana de oportunidad se va cerrando. “Hoy nacen cada vez menos chicos, la población vive más años y, al mismo tiempo, no hemos podido generar el empleo formal necesario para enfrentar este cambio demográfico”, declaró.
El principal riesgo es que el país “está envejeciendo antes de haberse desarrollado”. Esto significa que no solo incrementa la cantidad de adultos mayores, sino que lo hace en un contexto de un mercado laboral cada vez más precario y un sistema previsional que pierde su capacidad de financiamiento.
A pesar de que la disminución de la natalidad suele ser el foco del debate, los expertos alertan que el núcleo de la problemática actual reside en el mercado laboral. Se identificaron tres factores clave que justifican la precariedad del sistema: la disminución de los nacimientos, el aumento de la esperanza de vida y, especialmente, la elevada informalidad laboral.
l debate suele enfocarse únicamente en la caída de la natalidad, aunque sus efectos se verán con mayor intensidad dentro de dos o tres décadas. En cambio, la informalidad laboral afecta al sistema previsional de manera inmediata, ya que millones de personas trabajan y generan ingresos, pero no realizan aportes debido a empleos no registrados o recorridos laborales marcados por la inestabilidad.
Los datos de empleo corroboran esta preocupación. En abril, además de la reducción del trabajo asalariado, el empleo independiente también disminuyó un 0,7%. Caen los monotributistas, autónomos y beneficiarios del monotributo social, mientras que solo se observó un aumento leve en el número de trabajadores registrados en los sectores de hoteles y restaurantes, y en la agricultura.
El resultado es un sistema previsional que recibe menos contribuciones, mientras enfrenta un creciente número de jubilaciones, una tendencia que amenaza con acentuarse en los próximos años.
Uno de los indicadores que mejor refleja el desafío de sostenibilidad previsional es la relación entre trabajadores activos y jubilados. Durante años, se afirmó que un sistema de reparto equilibrado requería alrededor de cuatro trabajadores por cada jubilado. Sin embargo, esa proporción se ha deteriorado notablemente.
Actualmente la relación entre aportantes y jubilados es sumamente reducida. No obstante, creen que el problema no se limita a la cantidad de trabajadores, sino también a la calidad de los aportes realizados. En ese sentido, señalan que debe analizarse cuántas personas efectivamente contribuyen al sistema y cuál es el nivel de esos aportes, ya que existen diferencias entre un trabajador registrado con un salario formal y quienes tienen ingresos informales o realizan contribuciones mínimas.
Esta diferencia es una parte fundamental de la crisis actual del sistema jubilatorio y evidencia que el problema comienza mucho antes de que una persona llegue a la edad de jubilación. En un sistema previsional de reparto, los trabajadores activos financian las jubilaciones de quienes ya salieron del mercado laboral. Cuando el número de contribuyentes disminuye, el sistema pierde recursos y se incrementa la presión sobre las cuentas públicas.
“Cuando faltan recursos, siempre surge la misma cuestión: quién paga. Desgraciadamente, en Argentina, casi siempre son los jubilados los que asumen ese costo”, sostienen los especialistas.
Esto se traduce en haberes que pierden poder adquisitivo frente a la inflación, restricciones para acceder a jubilaciones mediante moratorias y requisitos cada vez más exigentes para obtener beneficios previsionales.
El especialista señaló que El impacto del problema previsional también alcanza a las generaciones más jóvenes. Quienes actualmente tienen empleos informales podrían enfrentar mayores dificultades al momento de jubilarse, ya que la falta de aportes durante la vida laboral limita las posibilidades de acceder a una prestación previsional. En ese sentido, se adivierte que uno de los principales desafíos sociales es evitar que las personas lleguen a la vejez sin derechos garantizados.
Asimismo, la problemática previsional no comienza al alcanzar la edad jubilatoria, sino mucho antes, cuando una persona no logra incorporarse a un empleo registrado.
Un responsable de un club de inversores, considera que depender únicamente de una jubilación estatal para mantener el nivel de vida resulta cada vez más irrealista.
“El sistema no cierra hace años: hay cada vez menos aportantes y más jubilados. Hasta el momento, la tendencia no parece cambiar. Lamentablemente, no existe una solución mágica para el corto plazo. Se requiere tiempo y un orden macroeconómico que facilite más formalidad y empleo”, explicó.
En este escenario, apunta que el ahorro para el retiro dejará de ser una opción y se convertirá en una necesidad. “Cada persona debería considerar construir su propia jubilación asumiendo que el Estado no le servirá mucho en ese sentido. En el mejor de los casos, será un complemento, pero no debe considerarse la base”, subrayó.
Esta advertencia respalda el pronósticos mencionados. Si las tendencias demográficas y laborales actuales persisten, el sistema previsional se tornará cada vez más desigual y dependerá en gran medida de la capacidad de ahorro individual.
“Visualizo un sistema mucho más desigual que el actual: habrá más pobreza y menos derechos en la vejez. Una minoría podrá complementar sus ingresos mediante ahorros privados, mientras que una gran mayoría dependerá de prestaciones cada vez más bajas proporcionadas por el Estado”, afirmó.
En este sentido, se destaca el peligro de avanzar hacia un esquema donde cada trabajador deba financiar más su propia jubilación. Sin embargo, este enfoque no solucionaría los problemas estructurales del sistema, cuyo desafío principal sigue siendo la escasa cantidad de trabajadores que hacen aportes regulares.
Aunque el envejecimiento poblacional es una realidad que continuará durante las próximas décadas, los especialistas consideran que aún existen herramientas para fortalecer la sustentabilidad del sistema previsional.
El enfoque no debería centrarse únicamente en reformas sobre las prestaciones, sino en estrategias para ampliar la base de contribuyentes.
El especialista sostuvo que La medida previsional más efectiva consiste en impulsar la creación de empleo formal. En ese sentido, ningún sistema jubilatorio puede sostenerse si una proporción significativa de los trabajadores no realiza aportes o efectúa contribuciones insuficientes.
Además, se marca la importancia de combatir la evasión, facilitar la registración laboral, reconocer las tareas de cuidado, incentivar la contratación de personas mayores y discutir nuevas fuentes de financiamiento.
“La viabilidad del sistema no se logra eliminando jubilados ni ajustando prestaciones. Se consigue generando más trabajadores registrados, con mejores salarios y aportes suficientes”, concluyó.


















