Un informe de una consultora especializada señaló que la informalidad responde a problemas estructurales de la economía y no se limita a las políticas del actual Gobierno. Sin embargo, destacó que desde 2024 comenzó a observarse una aceleración del empleo asalariado privado no registrado y del cuentapropismo.
Estas modalidades absorbieron a parte de los trabajadores que salieron del empleo formal, tanto del sector privado como del ámbito público, contribuyendo a contener el crecimiento del desempleo.
Pero este proceso, denominado como “empleo refugio”, tuvo un impacto negativo sobre los ingresos de los trabajadores involucrados. Un análisis realizado a partir de datos de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) para el período 2024-2025 mostró que quienes lograron reinsertarse en el sector público luego de perder un empleo privado registrado sufrieron una reducción del 5% en su poder adquisitivo.
En tanto, quienes pasaron a empleos asalariados no registrados registraron una caída del 14% en sus ingresos reales, mientras que aquellos que optaron por el trabajo independiente fueron los más afectados, con una disminución del 28%.
Los datos indican que únicamente quienes lograron conservar un empleo privado registrado pudieron mantener sus niveles de ingresos reales.
El informe destacó que la informalidad funciona como una alternativa frente a la pérdida de puestos formales, pero que esa salida implica una fuerte reducción de los ingresos. Según el análisis, esta situación afecta el bienestar de los trabajadores y sus familias y profundiza un escenario de menor consumo y menor productividad.
Otro dato del estudio señala que, entre quienes tenían un empleo asalariado privado registrado y cambiaron de ocupación al año siguiente, un 26% pasó al sector público, un 47% ingresó a un empleo privado no registrado y un 27% se incorporó al trabajo por cuenta propia.
El análisis de los movimientos entre las distintas modalidades laborales mostró una diferencia marcada entre quienes lograron permanecer en empleos formales y quienes debieron migrar hacia otras alternativas. Los trabajadores que accedieron a un puesto privado registrado lograron mejorar sus ingresos reales, mientras que quienes pasaron al cuentapropismo registraron una reducción de sus ingresos, incluso cuando provenían de empleos informales.
La tendencia continúa durante el año actual. Según un análisis elaborado con datos oficiales, durante el primer trimestre de 2026 la cantidad de personas ocupadas aumentó un 1,6% en comparación con el mismo período de 2025, lo que representa la incorporación de 212.827 trabajadores.
Sin embargo, el crecimiento del empleo estuvo concentrado principalmente en modalidades no asalariadas. Cerca de siete de cada diez nuevos ocupados correspondieron al cuentapropismo, mientras que el empleo asalariado tuvo una variación prácticamente estancada.
La tasa de informalidad laboral llegó al 44,2%, manteniendo una trayectoria ascendente registrada en los últimos años. Este nivel representa un aumento de 2,2 puntos porcentuales frente al primer trimestre de 2025, cuando había alcanzado el 42%, y de 3,4 puntos respecto del mismo período de 2024, cuando se ubicaba en 40,8%.
De acuerdo con el análisis, el aumento del empleo estuvo explicado exclusivamente por la creación de puestos informales. Mientras el empleo formal redujo 156.786 puestos frente al primer trimestre de 2025, equivalente a una caída interanual del 2%, el empleo informal sumó 379.708 nuevos trabajadores, con un crecimiento del 6,8%.
Dentro del empleo formal, la baja estuvo impulsada por la reducción de los asalariados registrados, que perdieron 133.184 puestos (-2,2%), y de los trabajadores independientes formales, con una disminución de 58.049 ocupados (-4,9%).
En cambio, el crecimiento del empleo informal estuvo explicado por la incorporación de 168.889 asalariados no registrados (+4,8%) y, principalmente, por el aumento de los trabajadores por cuenta propia informales, que sumaron 214.468 personas (+11,2%).


















