El vermut vive un momento de auge que comenzó a gestarse hace menos de diez años con el surgimiento de marcas artesanales que desafiaron el predominio de los productos industriales tradicionales.
“Ha alcanzado a muchas personas que antes no lo consumían. Lo más interesante es la variedad que ahora existe en el mercado: hay más opciones, de mejor calidad, se encuentra en más lugares y situaciones, y ha vuelto a tener relevancia, convirtiéndose lentamente en una bebida representativa de nuestra cultura”, señala un emprendedor del sector. Junto a otros cuatro asociados, fundó en 2018 una marca que hoy cuenta con cinco etiquetas y ha sido reconocida como una de las más influyentes a nivel mundial en su categoría.
Otro productor, que lanzó su línea un año antes, afirma que el sector ha tenido un “despertar notable” y destaca que fue el único que mostró crecimiento el año pasado: “Esto es un indicador claro de la situación del aperitivo y de cómo lo está recibiendo el público, que históricamente había asociado esta bebida con ‘lo que consumía mi abuelo’”.
Las empresas tradicionales también se han adaptado. Un reconocido productor de vermut, por ejemplo, ha introducido nuevas variedades en su catálogo, mientras que un grupo propietario de una famosa marca de aperitivos ha comenzado a elaborar un nuevo producto bajo un nombre distintivo. “Hemos observado un crecimiento constante en el interés por vermuts de calidad premium y un incremento en el número de consumidores que buscan propuestas diferenciadas”, comenta un responsable de marketing de la entidad.
Las bodegas también se han sumado a esta tendencia, lo cual es coherente considerando que el vermut es, en esencia, vino. De acuerdo con la normativa alimentaria local, al menos el 75% de su contenido debe ser vino. A este fundamento se le añaden ingredientes amargos y aromáticos, así como caramelo como colorante.
Entre los productores destacados se encuentran varias bodegas que están creando sus propias versiones de vermut, incluyendo nombres reconocidos que han lanzado etiquetas originales.
Se estima que hay alrededor de 120 marcas activas en la producción de vermut en el país. Detallar toda la oferta existente sería difícil, ya que constantemente surgen nuevos proyectos. Sin embargo, es posible clasificar los diferentes estilos que se pueden encontrar. Un bartender que lanzó su propia marca en la reciente tendencia explica que hay estilos que mantienen una conexión con la herencia italiana y española, junto con otros que se centran en el vino base, en los botánicos o que buscan expresiones más modernas y experimentales.
El vermut se puede clasificar según el vino utilizado como base: el blanco, con vino blanco; el rosso, que podría estar hecho de vino blanco; y el rojo, que puede tener base de vino tinto o de una mezcla.
“El rosso es más atractivo para el paladar argentino por su dulzura. El bianco ofrece una experiencia diferente con sus notas florales y cítricas que invitan a la exploración”, sugiere un creador de una marca premiada a los que desean comenzar a probar estas innovadoras opciones.
Y bien, ¿cuál es la mejor manera de disfrutarlo? El clásico con soda y una rebanada de limón o naranja es infaltable, pero también se destaca en cócteles como el Negroni (vermut rosso, Campari y gin), el Dry Martini (vermut seco, gin y aceituna) o el Ferroviario (vermut rosso, fernet y soda). Un brindis por la tradición y la reinvención del queridísimo vermut.


















