El descubrimiento sobre cómo la naturaleza opta por una de estas versiones le otorgó el Premio Nobel de Química 2026 al francés Henri Kagan y al japonés Kenso Soai.
El dilema que ambos enfrentaban es uno de los aspectos más profundos en la química contemporánea. Muchas moléculas biológicas pueden existir en dos formas, conocidas como imágenes especulares. Estas se clasifican como moléculas quirales, un término que proviene del griego que significa “mano”. A pesar de que ambas formas poseen propiedades físicas prácticamente iguales, su comportamiento puede diferir drásticamente al interactuar con organismos vivos.
Mientras una versión puede ser beneficiosa para el organismo, la otra podría ser ineficaz o incluso dañina. Esta distinción es especialmente crucial en la producción de medicamentos.
Los seres vivos presentan una característica sorprendente: tienden a utilizar casi exclusivamente una de las versiones de muchas moléculas fundamentales. Por ejemplo, los aminoácidos que conforman las proteínas se encuentran predominantemente en una única orientación. Este fenómeno, denominado homoquiralidad, ha representado durante décadas uno de los grandes enigmas de la química.
La pregunta que surgió, aunque sencilla, es compleja de responder: si la química tiene la capacidad de generar ambas versiones de una molécula, ¿por qué la vida se ha decantado casi siempre por una sola?
Kagan comenzó a dar respuesta a esta cuestión durante la década de 1980, evidenciando que era posible diseñar reacciones químicas que favorecieran una orientación molecular sobre la otra, lo que marcó el primer paso hacia el control deliberado de esta elección.
Más adelante, Soai amplió significativamente esta idea, creando una reacción química extraordinaria capaz de magnificar diferencias mínimas hasta obtener casi exclusivamente una versión de la molécula. Según lo destacado por el Comité Nobel, fue la primera vez que una reacción química logró producir de manera espontánea una única imagen especular de una molécula.
La Academia Sueca resumió la relevancia de este logro con una frase impactante: ninguna otra persona, fuera de la propia naturaleza, había alcanzado antes tal hazaña.
El descubrimiento tuvo repercusiones mucho más amplias de lo que se creyó inicialmente. En la actualidad, la industria farmacéutica aplica regularmente estrategias derivadas de estos hallazgos para la elaboración más precisa de medicamentos.
La razón es clara: muchos compuestos utilizados en terapias tienen dos versiones quirales, donde una puede ser responsable del efecto buscado y la otra, en cambio, puede resultar menos efectiva o provocar efectos adversos. Por tal motivo, controlar qué versión se produce se convierte en una cuestión central para el desarrollo de nuevos tratamientos.
Así, varios especialistas coinciden en que gran parte de la química farmacéutica moderna sería impensable sin las contribuciones de Kagan y Soai.
“Los medicamentos que tenemos hoy en día no serían posibles sin esta química”, sostuvo Rigoberto Hernández, presidente de la Sociedad Química Estadounidense.
Sin embargo, el premio no solo reconoce una aplicación práctica, sino que también resalta un cambio significativo en la comprensión de la naturaleza.
Durante más de un siglo, los científicos se esforzaron por comprender cómo surgía la homoquiralidad y por qué la vida parecía elegir constantemente una versión particular de ciertas moléculas. Los trabajos de Kagan y Soai demostraron que esta preferencia puede surgir y amplificarse mediante mecanismos químicos específicos.
Para los investigadores que indagan sobre el origen de la vida, este descubrimiento representa una pista clave sobre cómo se pudieron formar los primeros sistemas biológicos complejos.
Henri Kagan, actualmente de 95 años, ha desarrollado su trayectoria científica en Francia y es considerado por muchos como uno de los pioneros de la química asimétrica moderna. Kenso Soai, de 76 años, ha continuado esta línea de investigación hasta lograr una reacción química que es hoy un ejemplo clásico en la disciplina.

















