Al analizar el resultado, el capitán de Boca resaltó la inteligencia con la que jugó el equipo: “Ganamos porque hicimos un partido mucho más inteligente. Podríamos haber hecho algún que otro gol más, pero fuimos inteligentes, cuidamos la pelota y lo importante era ganar”.
Paredes contó que antes del partido les había pedido a sus compañeros que “disfruten” porque iban “a vivir algo único”. También intentó moderar la ilusión de los hinchas, que ya piensan en la posibilidad de celebrar un título. “Esto es un clásico y siempre fue así, lo importante es que ganó Boca, la gente está feliz y estamos a un paso (de un título). Pero todavía no hemos conseguido nada, estamos en buen camino”, afirmó.
Consciente de sus limitaciones físicas actuales, el volante usó su experiencia para conducir el mediocampo. Jugó con seguridad en los pases y terminó el encuentro con un 83 por ciento de eficacia en ese rubro. Aun así, la tarde también lo tuvo en el centro de una de las principales polémicas.
A poco más de 20 minutos del final, Paredes cometió una fuerte infracción sobre Tomás Galván en la mitad de la cancha, que provocó los reclamos de River. Como ya tenía una tarjeta amarilla, varios jugadores del Millonario rodearon al árbitro Nicolás Ramírez para pedir la segunda amonestación y su expulsión. El juez no lo sancionó y el mediocampista pudo continuar en el partido.
La primera amarilla había llegado en el descuento de la etapa inicial, después de un tenso cruce con Marcos Acuña. Paredes intentó demorar la reanudación al alejar la pelota; el lateral de River fue a buscarla y lo empujó en el pecho. El volante exageró el contacto, cayó al suelo y reclamó un golpe. La reacción de Acuña, conocido como el Huevo, derivó en que ambos fueran amonestados. Fue una jornada al límite para Paredes, que finalmente terminó celebrando.


















