La afirmación del dirigente esloveno se produce en medio de una crisis dentro de la FIFA, desencadenada por un intento infructuoso de abrir parte de sus torneos a inversores privados. De acuerdo a informaciones, Ceferin ha confirmado que no tiene intención de disputar el liderazgo de la Federación Internacional de Fútbol Asociación. Su decisión coincide con una etapa de creciente cuestionamiento a Infantino, quien enfrenta críticas por su proyecto de reestructuración de la explotación comercial de los torneos y la posible inclusión de capitales externos.
Este episodio ha alterado un entorno que, hasta hace poco, parecía estable bajo la dirección del suizo-italiano, en el cargo desde 2016. Según un informe, Ceferin señaló que existen “dos opciones” para la próxima elección: que Infantino reconozca la falta de apoyo y se retire, o que opte por presentarse y enfrente a un rival.
La ruptura entre ambos dirigentes ya no es mera especulación. Ceferin indicó que no ha tenido comunicación con Infantino desde que surgió la controversia en torno a la inversión en la Copa del Mundo. Afirmó que no desea asumir la presidencia de la FIFA porque disfruta de su labor en Europa, expresando que “mi credibilidad es mucho mayor si no estoy interesado en el puesto”.
A pesar de haber descartado su candidatura, Ceferin sigue manteniendo una postura crítica hacia Infantino, lo que le permite cuestionar la dirección política de la FIFA sin verse envuelto en una disputa personal por el cargo.
El enfrentamiento tiene un precedente relevante en el fútbol europeo. Ceferin comparó el proyecto de Infantino con intentos recientes de modificar la estructura del negocio deportivo, sugiriendo que era “incluso peor que la Superliga”, un torneo que la UEFA se opuso en 2021.
Este nivel de confrontación resalta que el conflicto va más allá de lo administrativo, involucrando cuestiones de legitimidad, alianzas regionales y la capacidad de la FIFA para mantener el consenso entre sus seis confederaciones antes del congreso electoral en Marruecos en 2027.
La controversia surgió a raíz de una propuesta para crear una entidad comercial separada destinada a gestionar los derechos relacionados con los torneos de la FIFA, incluida la Copa del Mundo. Este plan contemplaba vender el 21% de la nueva entidad a un grupo de inversores privados, una idea que despertó rechazo en diversas federaciones y confederaciones.
A pesar de la derogación de la iniciativa, el enfrentamiento político no ha cesado. Ceferin expresó que el fútbol habría quedado “literalmente vendido” si el proyecto hubiera prosperado, subrayando que la resistencia no provenía únicamente de las asociaciones más fuertes en Europa, sino también de federaciones menores que se opusieron a la propuesta.
La magnitud del rechazo se refleja en otro aspecto. Tres confederaciones han acusado a Infantino de actuar de manera engañosa, y varias asociaciones nacionales han retirado su apoyo, lo cual ha dañado la imagen de un dirigente que antes parecía encaminarse a otra reelección sin competencia.
A pesar del abandono del proyecto, la UEFA continúa amenazando con boicotear competiciones de la FIFA, lo que indica que el conflicto persiste más allá de la retirada comercial. La discusión ahora se centra en la dirección de la FIFA y en la toma de decisiones estratégicas en el ámbito del fútbol global.
Con Ceferin fuera de la carrera, la atención se dirige hacia la posible aparición de un candidato alternativo. El presidente de la UEFA manifestó que confía en que esa figura emergerá si Infantino decide continuar en la pelea, aunque no precisó quién podría ser.
Las elecciones están programadas para marzo de 2027 y el plazo para la presentación de candidaturas finalizará el 18 de noviembre, lo que deja varios meses para negociaciones entre federaciones, confederaciones continentales y grupos regionales, un ámbito donde la política interna de la FIFA suele definirse lejos de los ojos del público.
Por otro lado, Ceferin se enfrenta al final de su mandato en la UEFA, que concluye en 2027.


















