Desde aquel registro, el índice acumuló una suba de 154 puntos, equivalente a un incremento del 38,3%. El nivel actual también mantiene a la Argentina alejada de una eventual colocación de deuda en los mercados internacionales, aunque desde el Gobierno descartan por ahora esa posibilidad.
La evolución del indicador responde a distintos factores. Entre ellos aparecen el aumento de las tasas de interés internacionales, la falta de una recuperación sostenida de la actividad económica y un ritmo más moderado de acumulación de reservas por parte del Banco Central. En las últimas semanas, además, el escenario político comenzó a tener un peso mayor en las expectativas financieras.
El cambio en las condiciones internacionales también tuvo impacto sobre los mercados emergentes luego del incremento de la tasa de referencia de la Reserva Federal de Estados Unidos, que se produjo por primera vez en 2023. Sin embargo, el deterioro de los activos argentinos fue mayor al observado en otros países de la región.
Entre los factores específicos de la Argentina aparecen la evolución de la actividad económica y su posible impacto sobre el escenario social de cara al próximo año electoral. También influye el ritmo de compras de reservas del Banco Central, que se mantuvo más moderado, mientras que el Tesoro enfrenta dificultades para obtener financiamiento y no está colocando deuda local en un contexto de mayores rendimientos en el tramo largo de la curva en dólares.
El escenario político comenzó además a incorporarse con mayor fuerza en las decisiones de los inversores. La dinámica electoral se adelantó y algunos proyectos de inversión comenzaron a demorarse o quedar en espera de mayor claridad sobre el escenario de 2027.
Este proceso no estaría relacionado únicamente con el calendario formal de elecciones, sino también con el comportamiento anticipado del Gobierno y de los distintos sectores de la oposición. La extensión del período de incertidumbre genera una mayor demanda de cobertura, tasas más elevadas y menor disponibilidad de financiamiento.
A nivel macroeconómico, el Gobierno enfrenta al mismo tiempo varios objetivos: continuar acumulando reservas, atravesar el período previo a las elecciones con estabilidad, mantener el proceso de reducción de la inflación y lograr que la recuperación de la actividad se refleje en el empleo y el consumo.
La diferencia entre algunos indicadores macroeconómicos y la evolución de la economía cotidiana también forma parte de las preocupaciones del mercado. Los salarios reales y el consumo masivo no avanzan al mismo ritmo, mientras que las ventas en supermercados y comercios de cercanía permanecen en terreno negativo. Esta situación alimenta las dudas sobre el escenario electoral y se refleja en la diferencia de rendimiento entre los bonos con vencimientos en 2027 y 2028.
La incertidumbre también se trasladó a otros mercados. La Bolsa local registró una caída cercana al 13% durante agosto, mientras que los bonos en dólares muestran diferencias de comportamiento según sus vencimientos. A su vez, el mercado de dólar futuro comenzó a incorporar una mayor volatilidad para los meses anteriores a octubre de 2027.
A este escenario se suman factores externos, entre ellos las elecciones previstas en Brasil y Estados Unidos, que también pueden influir sobre las condiciones financieras internacionales.
El mercado, de acuerdo con las distintas evaluaciones incorporadas al escenario actual, comenzó a anticipar con mayor anticipación los riesgos vinculados al proceso electoral. Esto ocurre en un contexto en el que continúan el proceso de desinflación, el superávit fiscal y la compra de reservas por parte del Banco Central, pero en el que los inversores también incorporan una mayor prima de riesgo asociada a la incertidumbre política.

















