La formalización de la entrega tuvo lugar en una audiencia en los tribunales federales, donde los involucrados acordaron la restitución de la pieza a Marei von Saher, nuera y única heredera de Jacques Goudstikker, el galerista judío al que los nazis despojaron de más de mil obras de arte en Ámsterdam.
Para evitar un juicio por delitos de encubrimiento, los actuales propietarios de la pintura, Patricia Kadgien, hija del jerarca nazi Friedrich Kadgien, y su esposo Juan Carlos Cortegoso, aceptaron una suspensión del juicio a prueba que incluye un resarcimiento económico destinado a una institución pública de Mar del Plata.
La audiencia, liderada por el juez federal Santiago Inchausti, también contó con la presencia del fiscal Carlos Martínez, la defensa del matrimonio implicado, y el equipo legal de Marei von Saher, representada internacionalmente por el estudio neoyorquino Freedman Normand Friedland (FNF) y los abogados argentinos Herberto Antonio Robinson, Guillermo Brady y Juan Ignacio Pascual, de la firma local McEwan.
Durante el procedimiento, el matrimonio Kadgien-Cortegoso firmó la renuncia explícita e irrevocable a cualquier tipo de derecho, acción civil o penal sobre la obra, lo que facilitó su restitución a la familia Goudstikker.
Como parte del acuerdo de probation, el Ministerio Público Fiscal y la parte demandante acordaron suspender el proceso penal contra la pareja a cambio de su compromiso de no apelar la devolución y de realizar donaciones por un total de 4,8 millones de pesos, las cuales se abonarán en 24 cuotas mensuales a la Cooperadora del Hospital Interzonal Especializado Materno Infantil (HIEMI) de Mar del Plata. Con este avance, la obra queda libre para su traslado, aunque actualmente sigue bajo la custodia preventiva de la Corte Suprema de Justicia de la Nación.
La heredera tiene el propósito de exhibir la pieza en préstamo temporal en el Museo del Holocausto de Buenos Aires, buscando concientizar sobre el saqueo cultural perpetrado por el nazismo.
El caso cobró relevancia internacional en agosto del año pasado, cuando el periodista freelance Peter Schouten, radicado en Buenos Aires, fue convocado para investigar por un medio neerlandés. Cyril Rosman, el redactor que había estado tras la pista de obras robadas durante la ocupación alemana en Ámsterdam, contactó a Schouten directamente.
Rosman había intentado sin éxito entrevistar a las hijas de Friedrich Kadgien en diversas ocasiones. A principios de agosto, tras conmemorarse el 80 aniversario del final de la guerra, le solicitó a Schouten que viajara a Mar del Plata para intentar contactar a las hermanas.
Schouten, acompañado por el productor Guillermo García, se presentó en la casa de Patricia Kadgien en la calle Padre Cardiel, pero no fueron atendidos. Sin embargo, encontraron un cartel de venta en la puerta y revisaron el sitio web de la inmobiliaria, donde en la quinta imagen del living les llamó la atención un cuadro colgado sobre un sofá. Enviaron las imágenes a la redacción del medio neerlandés.
Las medidas tomadas a partir de esa quinta foto coincidieron con las especificaciones del Catálogo Negro de la Agencia Neerlandesa del Patrimonio Cultural. Tras la publicación de la noticia, se inició la causa judicial en los tribunales marplatenses.
Durante el primer operativo realizado por la Policía Federal Argentina, la pintura había sido retirada de la pared y reemplazada por un tapiz. El matrimonio permaneció bajo arresto domiciliario hasta que su defensa entregó formalmente la obra a la Fiscalía Federal.
Los peritajes realizados confirmaron que la pintura, que inicialmente se había atribuido a Giuseppe Ghislandi, era en realidad de Giacomo Antonio Melchiorre Ceruti, conocido como “Il Pitocchetto”, y que pertenecía a la colección Goudstikker. Según los expertos, la obra está en excelente estado de conservación y su valor en el mercado se estima en aproximadamente 250.000 euros, sin incluir el contexto del caso.
La historia de la obra se remonta a mayo de 1940, cuando las fuerzas nazis invadieron los Países Bajos. Goudstikker, uno de los marchantes de arte más influyentes de Europa, intentó escapar con su familia a América en un barco, pero falleció de manera trágica al caer por una escotilla durante el viaje.
Su galería en Ámsterdam, que albergaba más de mil obras de maestros como Rembrandt y Vermeer, fue objeto de un expolio forzado, donde Hermann Göring, comandante de la Luftwaffe, se apropió de aproximadamente 300 piezas de la colección, dispersando el resto entre la cúpula del régimen.
Se investiga que la obra llegó a manos de la familia Kadgien debido a la cercana relación entre Göring y el padre de la imputada, quien jugó un papel clave en los asuntos económicos del Tercer Reich.
Friedrich Gustav Kadgien fue un alto funcionario financiero de las SS y uno de los hombres de confianza del régimen nazi. Tras la rendición alemana en 1945, se convirtió en uno de los hombres más buscados por las potencias aliadas. Kadgien, conocido como “el mago de las finanzas nazis”, sobresalió por sus operaciones de blanqueo de capitales hasta su fallecimiento en Buenos Aires en 1978. Su legado dejó una gran fortuna manchada por su conexión con el régimen.


















