El pueblo católico marchará hacia Luján bajo el lema “Madre, en tu abrazo nos reconocemos hermanos”, que hace un llamado a la unidad y la fraternidad, valores también reflejados en el lema oficial de la visita de León XIV, “Bienvenidos todos, vayan y anuncien”. La Virgen de Luján se presenta como el símbolo acogedor de la Argentina que recibe al Papa, quien cerrará su visita el 11 de noviembre con una misa frente al santuario, un evento que se anticipa será multitudinario.
León XIV va a experimentar la atracción espiritual que emana de la Virgen, venerada durante casi cuatro siglos por numerosos próceres de la historia argentina, incluidos José de San Martín y Manuel Belgrano, además de papas y millones de argentinos que han encontrado en ella una guía y protección constante, transformando el sufrimiento en esperanza.
Bergoglio, fervoroso devoto de la Virgen de Luján, tiene un estrecho vínculo con ella. En 1982, San Juan Pablo II se arrodilló ante la imagen y le otorgó la Rosa de Oro, una de las distinciones más significativas del Vaticano, tras visitar la basílica para implorar paz en el conflicto de Malvinas. Poco después de su oración, cesaron las hostilidades en la región.
La relación espiritual de León XIV con la Virgen de Luján tiene un origen simbólico, ya que el 8 de mayo de 1887, la Virgen fue coronada oficialmente en Roma como Patrona de Argentina por el papa León XIII, y esa misma fecha fue elegida 138 años después para nombrar a Robert Prevost como papa, quien optó por el nombre de León XIV en homenaje a su predecesor.
La Peregrinación Juvenil cuenta con un recorrido que se remonta a una marcha realizada el 29 de octubre de 1893, donde 400 fieles se unieron por iniciativa del Círculo Católico de Obreros. La primera peregrinación formal se llevó a cabo en 1975, organizada por la Comisión de Piedad Popular del Arzobispado de Buenos Aires, y reunió a 30.000 participantes que partieron de Liniers sin el apoyo logístico que se despliega hoy.
En esta 52ª edición, el recorrido comenzará a las 10 desde el Santuario de San Cayetano en Liniers, abarcando 60 kilómetros hasta la Basílica. Sin embargo, a lo largo del camino, se unirán peregrinos de manera individual o en grupos, todos siguiendo el sendero de la fe hacia la Virgen, quien es a la vez pequeña y poderosa.
La imagen, de terracota y 38 centímetros de altura, refleja modestia en su expresión, pero la coronan 365 piedras preciosas, símbolo de su grandeza. A inicios del siglo XX, se la recubrió con plata y se le confeccionó un nuevo vestuario celeste y blanco, en honor a los colores de la bandera nacional.
La tradición cristiana narra que, en mayo de 1630, durante su traslado desde Brasil a Santiago del Estero, la Virgen se detuvo milagrosamente en las cercanías del río Luján, lo que dio origen a uno de los mayores fenómenos religiosos del país. Se cuenta que un joven llamado Manuel, quien llegó como parte de un grupo de esclavos africanos, fue testigo del acontecimiento y se convirtió en el primer servidor de la Virgen.
Antonio Faría de Sá, un hacendado de Córdoba, había solicitado a un amigo, el marinero Juan Andrea, que le trajera una imagen de la Inmaculada Concepción, pero recibió también la imagen de la Virgen con el Niño. Durante el trayecto, los arrieros se detuvieron a descansar y, al intentar continuar, sus bueyes se negaron a avanzar. Manuel sugirió cambiar los cajones de las imágenes y, al hacerlo, la carreta pudo reanudar su camino, lo que los llevó a entender que la Virgen quería permanecer en ese lugar.
La imagen de la Virgen de Luján también estuvo presente en la guerra de Malvinas, siendo llevada a las trincheras y resguardada en la iglesia Santa María de Puerto Argentino, de donde desapareció. Treinta y siete años después, se descubrió que se encontraba en un templo de Aldershot, Inglaterra. Gracias a la intervención del papa Francisco, los británicos accedieron a devolverla a Argentina a cambio de otra imagen. La original regresó al país el 4 de noviembre de 2019, recibiendo una emotiva bienvenida por parte de excombatientes en el aeropuerto de Ezeiza.
Como cada año desde hace más de cinco décadas, con sol o lluvia, cientos de miles de fieles caminarán hacia Luján y repetirán una oración en busca de la luz de la Virgen, que se hace especialmente resonante en un país atravesado por divisiones:
“Ilumina nuestra patria con el sol de justicia, con la luz de una mañana nueva, que es la luz de Jesús. Enciende el fuego nuevo del amor entre hermanos.”
Cuándo: sábado 3 de octubre. Hora: Partida a las 10 h. Dónde: Desde el Santuario de San Cayetano en Liniers, hasta la Basílica de Luján. Lema: “Madre, en tu abrazo nos reconocemos hermanos”. Cantidad de peregrinos: los organizadores anticipan un millón de personas.


















