Los seis aviones arribaron a Córdoba después de recorrer unos 14.000 kilómetros desde Dinamarca y realizar una última escala en Natal, Brasil. El traslado demandó diez reabastecimientos en vuelo, con participación de aeronaves estadounidenses y de un C-130 Hércules y un Boeing de la Fuerza Aérea Argentina.
La recepción se realizó en el Área Material Río Cuarto, con la presencia del ministro de Defensa, Carlos Presti, y del embajador de Estados Unidos en Argentina, Peter Lamelas, junto con los pilotos argentinos y representantes de una empresa especializada en entrenamiento aéreo.
El nuevo grupo llegó tres meses antes de lo que establecía el cronograma actualizado. El próximo lote, compuesto también por seis aeronaves, está previsto para principios de 2027. De esta manera, el programa Peace Cóndor, que originalmente contemplaba completar la adquisición de los 24 F-16 hacia fines de 2028 mediante entregas sucesivas de seis unidades, podría concluir un año antes. El costo total de la operación superará los 300 millones de dólares.
Durante el acto de recepción, Presti planteó que el objetivo no se limita a sumar aeronaves, sino a desarrollar una capacidad militar integral. En ese sentido, destacó también las medidas destinadas a retener personal especializado, entre ellas incentivos y bonos vinculados con los estudios dentro de la carrera militar.
La llegada de los cazas implica además una transformación de la infraestructura y del entrenamiento. La Fuerza Aérea debe adaptar hangares, talleres y bases, al mismo tiempo que desarrolla la formación de pilotos, mecánicos e ingenieros que estarán a cargo del sistema durante las próximas décadas.
El Escuadrón F-16 ya funciona en el Área Material Río Cuarto, que por el momento concentra la recepción de las aeronaves, la capacitación del personal y las primeras tareas de mantenimiento de la flota.
La formación de los pilotos constituye uno de los componentes centrales del programa. Los aviadores realizan entrenamientos diarios que incluyen una misión principal y otra secundaria, además de clases teóricas, prácticas en simuladores y vuelos de adaptación. Por ahora, las operaciones cuentan con un piloto argentino acompañado por un instructor estadounidense.
La capacitación está contemplada dentro del contrato de adquisición durante un período de dos años y contempla instructores permanentes y rotativos. La identidad de los pilotos seleccionados, en tanto, se mantiene bajo reserva por razones de seguridad operativa y militar.
El entrenamiento también se apoya en el Centro de Simulación Táctica instalado en Tandil, que dispone de una infraestructura mayor a la existente en Río Cuarto. Los simuladores reproducen la cabina del F-16 y permiten que los instructores detecten errores durante las prácticas, además de recrear maniobras, protocolos de emergencia y distintos escenarios de combate sin necesidad de realizar vuelos reales.
Entre las posibilidades que ofrece esta tecnología se encuentra el entrenamiento para misiones BVR, es decir, operaciones contra objetivos ubicados más allá del alcance visual. El sistema permite practicar situaciones de riesgo, reducir costos operativos y acelerar la adaptación a los nuevos sistemas de electrónica, navegación y armamento.
La complejidad de los controles también exige una preparación específica. Algunas de las funciones disponibles pueden variar según la forma en que se accionan los comandos, lo que incrementa la cantidad de procedimientos que deben dominar los pilotos.
El programa demanda además una importante exigencia física y mental. Las maniobras a alta velocidad generan cargas muy superiores a las que soportan pilotos de otras especialidades y fueron comparadas con esfuerzos de hasta siete veces los experimentados por un corredor de Fórmula 1.
Detrás de la incorporación de los cazas trabaja un equipo de casi 200 personas, integrado por técnicos, arquitectos y mecánicos. El área opera bajo estrictas medidas de seguridad, con vigilancia mediante cámaras, controles de acceso con reconocimiento facial y restricciones al uso de dispositivos electrónicos para quienes no forman parte del proyecto.
También está limitado el acceso de técnicos y mecánicos a la información de las aeronaves. Los datos se consultan exclusivamente mediante computadoras especializadas ubicadas dentro del hangar.
Con el segundo grupo de seis aeronaves ya incorporado y un nuevo lote previsto para comienzos de 2027, el programa avanza hacia una aceleración del cronograma original y hacia la conformación de la flota completa de 24 F-16.


















