En el mejor de los escenarios, utilizan herramientas como ChatGPT o Gemini para facilitar tareas escolares, como resumir textos extensos o generar informes. En estas situaciones, los adolescentes recurren a la IA para finalizar sus tareas rápidamente. Sin embargo, este es el uso menos problemático que se observa entre los jóvenes.
En el peor de los casos, hay adolescentes que emplean la IA para fabricar contenido falso, ya sean textos o videos, que pueden provocar un daño emocional significativo a las víctimas. Esto incrementa el bullying, un fenómeno que ya era preocupante antes de la llegada de la IA.
La pregunta que surge es: ¿Por qué lo hacen? ¿Es que los únicos usos de la IA por parte de los adolescentes son para eludir responsabilidades, evitar el esfuerzo o causar daño emocional a otros? ¿Es más sensato prohibir el uso de la IA en escuelas para resolver estos problemas?
La respuesta es un firme NO.
El verdadero desafío no radica en la prohibición, sino en la enseñanza del pensamiento crítico. Prohibir podría dar la falsa impresión de que el problema se soluciona, cuando en realidad persiste. Para prevenir el uso peligroso de la IA, es fundamental que los estudiantes comprendan los riesgos que esta tecnología conlleva, tanto para ellos como para los demás.
Si los gobiernos continúan enfocándose únicamente en los beneficios de la IA y no capacitan a los docentes sobre los usos no éticos de esta, seguiremos observando estudiantes que presentan exámenes enteramente elaborados por IA y crean videos falsos sin considerar las consecuencias.
Los jóvenes, debido a su edad, poseen un conocimiento instrumental que les permite manejar la herramienta. Sin embargo, la actitud crítica necesaria para convertirse en ciudadanos digitales responsables debe ser cultivada. Se busca que los adolescentes utilicen la IA, siempre que entiendan su funcionamiento, los principios que la sustentan y los límites que deben establecerse en su uso.
Más tecnología no implica automáticamente un aprendizaje más efectivo, ni una educación de mejor calidad. La clave radicará en cómo se integra esta tecnología, es decir, qué competencias y habilidades se pretende promover.
Culpar a los estudiantes es desviar la responsabilidad del Estado. Al fin y al cabo, son las políticas públicas las que pueden evitar los usos indeseables de la IA entre los adolescentes.
















