Lionel Messi, este martes en el Monumental, tendrá lo que Maradona nunca pudo disfrutar: la certeza de que es su última vez en el campo. Diego se despidió sin saber que se trataba de un adiós definitivo; en cambio, Leo llegará con una despedida programada, rodeado de su familia en la tribuna, de compañeros conscientes del momento y un estadio listo para brindarle un homenaje. Maradona concluyó su trayecto siendo expulsado de un Mundial que había comenzado con el sueño de ganar. Messi, en cambio, podrá despedirse luego de haber conseguido la Copa América, la Finalissima y el Mundial, recuperando así un vínculo especial con un público argentino que durante largos años le pidió lo que al fin logró.
Resulta curioso observar que Maradona sí había planificado una despedida cuatro años antes. No fue solo una reacción a la derrota en la final de Italia 90. La documentación de la época revela que esta decisión se estaba gestando antes del encuentro con Alemania. El 8 de julio de 1990, antes de la final del Olímpico de Roma, se citaba que “Maradona dice estar dispuesto a cerrar hoy su historia con la selección argentina”. Con apenas 29 años, había acumulado 78 partidos con la camiseta nacional y llegaba con muchas lesiones. Carlos Bilardo expresó la dependencia del equipo hacia Maradona: “Con Maradona al 100%, la Copa ya sería nuestra. Pero sin Maradona, no valdría la pena jugar la final”.
Ese Maradona distaba mucho del jugador explosivo que había deslumbrado en México 86. En Italia había luchado bajo condiciones adversas, enfrentando lesiones y golpes. Argentina había tenido un Mundial complicado, desde la caída frente a Camerún hasta las definiciones por penales contra Yugoslavia e Italia. Un artículo de Santiago Segurola en la previa de la final reflejaba el clima hostil hacia el equipo, con incidentes vividos en Trigoria. “Nunca les perdonaré lo que han hecho”, declaraba Diego.
Después llegó Alemania, y Argentina perdió 1-0 con un polémico penal de Andreas Brehme. En la premiación, Maradona lloró y reafirmó que esa había sido su última Copa y que no jugaría nuevamente para la Selección. El cierre de una era parecía inevitable, y Bilardo concluía su ciclo tras siete años, un campeonato y un subcampeonato mundial, mientras varios elementos de aquella generación se retiraban, junto al número 10 que había sido el sostén del equipo durante gran parte de la década.
Si la decisión hubiese quedado solo en Roma, habría sido fácil atribuirla al impacto de una derrota. Sin embargo, Maradona volvió a despedirse tres meses más tarde. El 13 de octubre de 1990, se hizo pública su renuncia a la capitanía debido a “profundas desavenencias” con Julio Grondona. Cinco días después, un artículo repleto de significado anunciaba: “Maradona emprende la retirada”, confirmando que “no volverá a la selección”.
Este artículo permite apreciar cómo se vivía el momento de Maradona. Se le consideraba “el más grande jugador de fútbol de la década de los ochenta”, que iniciaba en los noventa una “penosa y larga retirada”. A sus 30 años, aunque le faltaban por jugar Sevilla, Newell’s, el regreso a la Selección, el Mundial de 1994 y su última etapa en Boca, desde esa perspectiva, todo indicaba un desenlace inevitable. Se imaginaba incluso un retorno a Boca como un canto de cisne.
La segunda renuncia contenía un fuerte trasfondo político. Maradona estaba enfrentado con Grondona y frustrado con Bilardo, ya que consideraba que, tras las denuncias de los futbolistas sobre el trato recibido en Italia, ambos habían restablecido demasiado pronto sus relaciones con la FIFA. Le incomodaba que Grondona agradeciera a los organizadores italianos. “Con todo el dolor del alma”, anunció que se retiraba de la Selección, asegurando: “Yo no soy un falso, no transijo”.
La cuestión física también pesaba. Maradona se sentía agotado de jugar en medio del dolor, y el artículo señalaba problemas en su nervio ciático, recordando el trato recibido en los últimos partidos. Diego soñaba con finalizar su contrato con Napoli, regresar a Argentina, volver a jugar en Boca e incluso convertirse en técnico de la Selección. Sin embargo, Alfio Basile, nuevo entrenador, no aceptaba que la historia de Maradona llegara a su fin. “Es más grande que Pelé, no podemos prescindir de él”, afirmaba Basile.
Por un tiempo, pareciera que no necesitara convencerlo. La Selección aprendió a ganar sin él, ganando las Copas América de 1991 y 1993, mientras Diego atravesaba turbulencias en su carrera, incluida una suspensión por doping. Argentina logró forjar una identidad futbolística sólida sin depender de su diez.
Pero Maradona regresó el 18 de febrero de 1993, para un amistoso contra Brasil por el centenario de la AFA. Sin embargo, el verdadero cambio llegó después: el 5 de septiembre de 1993, Colombia aplastaría a Argentina por 5-0, llevando a la Selección a un repechaje contra Australia para obtener una plaza en el Mundial de Estados Unidos. Diego había visto ese partido desde la tribuna, y la Selección que había aprendido a vivir sin él, ahora lo necesitaba nuevamente.
La prensa de la época reflejó el clima de desesperación en torno a su figura. Un artículo tituló “Colgados de los botines de Maradona”, mencionando que Basile, reticente a convocarlo, viajó hasta Rosario para ofrecerle la oportunidad. Otra crónica premió la resistencia lograda sin su presencia, pero las recientes derrotas habían dejado a Argentina “desnuda de historia y convicciones”.
Finalmente, Basile lo convocó y le devolvió la capitanía. Curiosamente, el hombre que antes había anunciado que no volvería, ahora deseaba quedarse. El 29 de octubre de 1993, Maradona expresó su deseo de continuar con la selección hasta 1995, afirmando que se sentía muy a gusto en ese momento. Tenía 33 años y admitía no saber cuánto podría mantener su nivel, pero la idea de retirarse ya no estaba en sus planes.
Maradona fue clave en el repechaje, donde Argentina empató 1-1 en Sydney y ganó 1-0 en el Monumental. No era el Diego de México 86, pero su presencia otorgó liderazgo y confianza a un equipo que había recibido un golpe duro. Un análisis posterior se referiría a su regreso como “mesiánico”: Argentina había ido a buscar al futbolista que tres años atrás había dejado la selección.
El Mundial de 1994 prometía un desenlace diferente. Argentina goleó 4-0 a Grecia en el debut, donde Maradona anotó el cuarto gol en una jugada colectiva sobresaliente. En el siguiente partido, Argentina venció a Nigeria 2-1, con dos goles de Caniggia, y Diego volvió a brillar. Nada hacía presagiar que su historia con la selección estaba a punto de concluir, hasta que Sue Carpenter se presentó.
El control detectó pseudoefedrina y la FIFA excluyó a Maradona del torneo. “No quiero dramatizar, pero créeme que me cortaron las piernas”, declaró. Argentina siguió adelante sin él, perdió ante Bulgaria y fue eliminada por Rumania. Lo que había comenzado como el inicio de una nueva aventura finalizó abruptamente.
Diego tuvo dos despedidas que no resultaron definitivas y una última que no decidió. Dijo adiós en Italia 90 y volvió. Confirmó su renuncia meses después y regresó. Cuando finalmente jugó su último partido, no pudo elegir el momento, el escenario y, ni siquiera, tuvo la oportunidad de despedirse del público sabiendo que era el final.
Messi experimentó un camino inverso. También renunció tras perder la final de la Copa América Centenario en 2016 y, al igual que Maradona, retornó. A través de derrotas y cuestionamientos, su relación con la afición argentina fue complicada en ciertos momentos. Pero su historia logró alcanzar el desenlace que durante tanto tiempo pareció esquivo: conquistó la Copa América 2021, la Finalissima 2022, el Mundial de Qatar 2022 y volvió a ganar la Copa América 2024. Ya no tiene deudas por saldar con la selección, aunque la dolorosa derrota en la final del Mundial de Canadá, México y Estados Unidos 2026, transcurrió en un contexto familiar complejo debido a la enfermedad de su padre, Jorge.
Por eso, el Monumental tendrá un carácter especial este martes: todos estarán conscientes de que es la última vez que Messi saldrá al campo. Sus compañeros lo abrazarán, su familia lo observará desde la tribuna y decenas de miles de hinchas acudirán a despedir al futbolista que durante más de dos décadas ha establecido una carrera llena de logros en la historia de la selección.
No obstante, hay un elemento que desentona con la relevancia de la despedida: los rivales elegidos para esta fecha FIFA. Argentina enfrentará a un adversario de escasa tradición y nivel internacional, Benín, ubicado en el puesto 93 del ranking FIFA. La despedida del futbolista más importante en la historia de la selección merecía un oponente de mayor calibre.
Sin embargo, este martes, el rival será casi un mero detalle. La multitud no irá al Monumental solo para presenciar un partido entre Argentina y Benín, sino para ver por última vez a Messi enfundado en la camiseta argentina. Será el final que Maradona nunca tuvo.


















