Matías se encontraba en Atlanta, trabajando como entrenador, cuando recibió la noticia del asesinato de su mejor amigo a través de WhatsApp. Eran las 6.48 del 19 de marzo de 2022. Los dos presuntos autores, Loïk Priol y Romain Bouvier, miembros de un movimiento de ultraderecha francés, están siendo juzgados desde el 7 de septiembre en la sala Voltaire del Palacio de Justicia de París, donde enfrentan la posibilidad de una condena a prisión perpetua.
—Matías, ¿cómo conociste a Federico?
—Lo conocí a Fede en el CASI. Empezó a jugar rugby desde muy chico, a los 4 o 5 años. Pertenece a la camada del 80, yo soy del 81. A pesar de la diferencia de edad, nos conocimos en 1993, principalmente por haber jugado al fútbol más que por el rugby. Con los años, las dos camadas se unieron. Si alguien me pregunta de qué camada soy, siempre diré que pertenezco a la 80-81. Desde el principio me di cuenta de que él era alguien especial; lo veía como un hermano mayor. Tenía un carisma único y rápidamente percibí que iba a llegar lejos en la vida. Su actitud, su energía… así comenzó una amistad que se extendió durante 30 años, llena de experiencias compartidas. Especialmente en nuestra infancia y adolescencia. Aunque luego se trasladó a Francia, siempre nos aseguramos de mantener el contacto. Las conversaciones más profundas que tuve en mi vida fueron con él. Nos conocíamos de memoria y me hace muy bien hablar de él y recordarlo.
—¿Cómo era él? Porque todos lo describen en Francia como un sol.
—Esa es la mejor manera de describirlo. En nuestra visión, Fede era alguien que iluminaba todo lo que lo rodeaba. Se preocupaba genuinamente por los demás y contaba con dos cualidades que son difíciles de encontrar: la capacidad de conectar e inspirar a la gente. Él conectaba porque te hacía sentir importante, especial. Siempre que estábamos juntos, se aseguraba de que estuvieras bien; uno se sentía escuchado, querido, y hasta un poco amado por él. Tenía esa habilidad de conectar con cualquiera. En cuanto a inspiración, su actitud optimista ante la vida era contagiosa. Hacía todo con gran energía, ya fuera jugando al fútbol, al rugby, compartir con amigos o ir de vacaciones. Era un líder natural. Capitán en casi todos los equipos donde jugó, y en nuestro grupo de amigos, era uno de los líderes reconocidos.
—¿Federico era un líder y, al mismo tiempo, solidario? Era de esas personas que abrazaba a todos, ¿no?
—Era una mezcla de ambas, porque el verdadero liderazgo también implica cuidar del otro. Para mí, él fue como un hermano mayor. Cuando tenía 12 años, él tenía casi 14. Siempre me inspiraba, pero nunca de una manera competitiva. Siempre estaba a mi lado impulsándome a ser mejor, sin tratar de competir, sino motivando a cada uno a dar lo mejor de sí.
—¿Qué anécdotas recuerdas de él?
—Una anécdota que lo define como jugador y capitán es la siguiente: en menores de 19, nuestras dos camadas eran amigas, pero jugaban por separado. En ese año, con Cacho Varone, Mariano Piñeiro, Enrique Pichot y otros grandes entrenadores, vivimos un año de rugby inolvidable. El equipo ganó muchos partidos y se formó un excelente grupo humano, en gran parte gracias a Cacho, un entrenador excepcional. En los últimos partidos, particularmente contra Pucará, ocurrió una jugada crítica. Fede pasó la pelota a un compañero, y aunque la jugada no resultó en try, Cacho le dijo después: “Mira, Fede. Un verdadero capitán, en un momento tenso, agarra la pelota y va hacia adelante, siendo seguido por todos”. En el último partido contra Champagnat, en una final, hubo un scrum a 5 yardas y Fede pidió la pelota. No llegó por poco, pero tras una segunda jugada similar, todos en el equipo contrario sabían que iba a intentar de nuevo. Así fue que Fede logró el try. Esa era su actitud: liderar con el ejemplo, ayudando sin necesidad de hablar demasiado. Luego de su retiro, mostró un gran gesto que fue muy valorado en el club: volvió a jugar no solo para una despedida, sino que volvió durante seis meses para el CASI. Al final del año, hicimos una despedida en su honor. Hablamos sobre lo que él representaba, lo que significaba para nosotros y le dimos una camiseta firmada. Éramos 40 personas, y todos preparamos algunas palabras. En ese momento, Fede simplemente aceptó la camiseta sin decir nada. Todos esperaban que hablara, pero no era necesario. Su presencia y el amor que recibió de todos hablaba por sí mismo. Eso también es parte de su humildad.
—¿Era fácil para él hacer amigos?
—Sí, eso era asombroso. Todos eran amigos de Fede porque él cultivaba relaciones en todos lados. Puedo hablar de Los Pumas Seven, el CASI, Los Pumas del 2007 y otros clubes. Él generaba vínculos con las personas, siempre le gustaba conectar a la gente. Cuando se convirtió en jugador profesional y más tarde, cuando inició su empresa de turismo, su círculo de amistades se amplió aún más. Como diría Hego Pampa, esa fundación creada por Pierre Guerin, a la que todos apoyamos y consideramos un acto de amor extraordinario hacia Fede. Conectaba a las personas a través del rugby, el deporte, la cocina y el vino. Cuando sucedió lo que sucedió, muchas personas me contactaron diciendo: “Yo era amigo de Fede”.
—¿Y qué representa el rugby para ti, para él, para ustedes?
—Toda nuestra camada es muy apasionada. Fede fue un líder, y todos valoramos mucho la amistad, el club y los valores del rugby que aprendimos en el CASI. Fede representaba esos valores. Somos un grupo que está presente tanto en las alegrías como en las tristezas. Compartimos casamientos, funerales, todo. Compartimos la vida. Somos muchos, y en cada casamiento, la mayoría de nosotros asistimos, pero en los momentos difíciles también nos unimos. Además, Fede valoraba mucho el rugby amateur. Para mí, el CASI fue un lugar de contención, y siempre que soñaba con jugar un rugby mejor, me imaginaba haciéndolo junto a Fede. Sabía que él iba a llegar lejos, y no me equivoqué.
—Federico siempre avanzaba, en la vida, en el rugby, en el trabajo. ¿Cómo era su personalidad?
—Logró algo que es muy complicado: ser muy bueno en varias cosas. Se desvivía por su familia, que era lo más importante para él, al igual que sus amigos. En su vida profesional, al principio estudió Abogacía, pero pronto se dio cuenta de que el rugby podía ser su carrera. Se dedicó con mucha pasión: iba siempre al 100%, con un entusiasmo contagioso. También era reflexivo y sabía valorar el esfuerzo y el sacrificio. Entendía que debía tomar las riendas de su vida y hacer las cosas él mismo. Aunque conocía a mucha gente y tenía conexiones, le gustaba dejar su impronta y tener autonomía. Pedía ayuda si la necesitaba; sabía que Thomás Lievremont le fue de gran ayuda durante su estancia en Francia para estudiar. A pesar de ser muy profesional, siempre priorizó sus estudios. Tenía la aspiración de que trabajáramos juntos, pero nunca quise por la relevancia que daba a nuestra amistad, queriendo evitar que nada interfiriera en ella.
—Él también estudió Derecho, pero dejó la carrera por el rugby, ¿no?
—Exactamente. No llegó a terminar, le faltaban un par de materias. Es curioso porque cuando se convirtió en jugador profesional, Serge Blanco, el presidente del Biarritz Olympique y un histórico del rugby francés, vino a verlo, pero por otro jugador. El CASI estaba jugando una semifinal contra Alumni y Fede hizo dos tries como si fuera Maradona, esquivando a todos. Serge dijo: “No, a mí dame a ese”. Así fue como lo contrataron. Al llegar a Francia, inmediatamente salió campeón. Así, la Abogacía quedó en segundo plano. Sin embargo, su habilidad para relacionarse con otros era excepcional. Sabía que iba a prosperar en cualquier cosa que se propusiera, gracias a su actitud y habilidades.
—¿Y cómo llegó a ser capitán, primero en el CASI y luego en Biarritz?
—Eso sería mejor preguntárselo a los equipos. Pero también fue un líder en su camada, al menos en el CASI. Siempre fue capitán, desde niño. Era un líder natural gracias a sus habilidades como jugador y su carácter humano. Sé que luego fue capitán del Pumas Seven por su carisma y personalidad. En Pumas Classic lo apreciaban mucho. Cada momento con él era especial. Lo vi en situaciones difíciles, pero siempre avanzando con optimismo y una sonrisa. Decíamos: “Escondamos nuestra tristeza en una sonrisa y sigamos adelante”. Estoy convencido de que todos en sus equipos dirían que él era el líder por esas cualidades.
—¿Entre los valores de Federico estaba la justicia? Nunca se hubiera imaginado lo que ocurrió.
—No, la verdad que no. Respecto a muchos detalles de lo que pasó, prefiero no hablar; es mejor que lo hagan las personas adecuadas, por respeto a la familia. Pero puedo afirmar que siempre buscó, en todos los ámbitos de su vida, la justicia. Siempre trataba a las personas con respeto e igualdad. Aunque tenía más experiencia y había sido Puma, siempre trataba a todos de igual a igual, mostrando su humildad. Tuvimos una comida en su homenaje; hablé durante tres minutos sobre él, diciendo que lo queríamos mucho, y ni él dijo una palabra. Siempre comunicaba sus sentimientos a través de actos y hacía sentir importantes a todos. Los empleados del club o quienes trabajaban en el mismo lo amaban y siempre que me veían, me pedían que le mandara saludos.
—Tú fuiste testigo de su boda. ¿Cómo se sentía en ese momento?
—Recuerdo que quería que todo saliera perfecto por su familia y por María, su pareja. Pensaba en cada detalle por ella. La amaba; era la mujer de su vida, su compañera. Recuerdo situaciones divertidas; tenía el cabello seco y quería que se viera bien en las fotos. Así que me pedía que llevara un spray para el efecto ‘pelo mojado’. Todo ocurrió en 2005 y todavía recuerdo las palabras que pronuncié en la iglesia: “Para que Mery y Fede sean fecundos y generosos en la vida y construyan su familia con verdadera alegría, oremos”.
—¿Y cómo estuvo la fiesta?
—Organizó una fiesta en La Rural, fue increíble. Asistió mucha gente porque todos lo querían. Siempre pensaba en nosotros y en que fuera un día especial para María. Allí estaban sus amigos de toda la vida. Invitó a muchos del club y valoro que me dijeran: “Che, estoy muy contento de que Fede me haya invitado”. Hacía sentir a cada persona que pertenecía a su círculo. Esa preocupación y cuidado por los demás fue recíproco, todos se preocupaban por él.
—En cuanto a su vida en Biarritz, ¿cómo le fue allí?
—Fue todo bastante rápido. Tenía a Martín Gaitán, también del CASI, quien lo acogió y lo ayudó con el idioma y la adaptación. Martín es una persona excepcional en todos los sentidos y Fede se unió a su grupo en Biarritz, donde estuvo muy bien cuidado. Fue algo sorprendente; al poco de llegar, el club salió campeón dos veces consecutivas. Fue increíble, ya que Biarritz es un club pequeño en Francia.
—¿Visitaste Biarritz? ¿Cómo era su casa y su vida allí?
—Fui en 2017. Fede me invitó a su casa, que era muy linda. Tenía toda una vida armada allí, después de casi 20 años en Francia, con sus hijos ya en el colegio y amigos. También fue presidente del Biarritz Rugby Club. Aunque vivía en Francia, su amor por Argentina jamás se desvaneció. La última vez que estuve con Fede, entrenamos juntos. Siempre nos buscábamos para ponernos al día, ya sea en los campos de entrenamiento o simplemente corriendo en algún lugar. Recuerdo que me dijo: “Si algún día vuelvo a Argentina, tal vez me gustaría vivir un tiempo en Mendoza o San Juan”. Pero en el club, él era parte del grupo más influyente. Es increíble lo que logró, considerando que no es fácil para un argentino alcanzar ese nivel en un club profesional de rugby francés, donde hay solo un grupo selecto que logra estar allí.
—También se sentía muy vasco, ¿verdad?
—Sí, amaba tanto Francia como Argentina. Había pasado casi 20 años allí. Definitivamente se sentía vasco. Le encantaba la gente, la cultura francesa, tanto como la argentina, y tenía la habilidad de conectar ambas. Pierre lo describió muy adecuadamente como una fuente de solidaridad. Por eso también se consideraba francés, ya que había contribuido mucho al país. Estaba estableciendo su vida y su empresa allí, mientras viajaba a menudo a Argentina.
—¿Y cómo le iba como empresario en Francia?
—Le iba muy bien, tenía dos iniciativas propias: una en turismo y otra relacionada con vinos. Era una persona muy activa en los negocios y siempre estaba buscando nuevos proyectos. Creo que también iba a emprender algo junto a Gonzalo Quesada. En los últimos años se hizo muy amigo de Gonzalo y lo quería muchísimo. Su mentalidad de crecimiento era impresionante. Amaba los desafíos, persistía ante la adversidad y entendía que el esfuerzo es clave para alcanzar la excelencia.
—Respecto a lo ocurrido con su crimen, ¿qué sentiste al enterarte de la noticia?
—Estaba en Atlanta, Estados Unidos. Estaba viviendo con un amigo que era presidente del club y no estaba en casa, pues tenía varias propiedades por el país y nunca estaba. Pero ese sábado, justo estaba. Entró en mi habitación y me pidió el teléfono, donde vi un mensaje de Rodrigo Martínez, un gran amigo del CASI. Me decía: “Mati, sé que lo querías mucho, te mando un abrazo enorme”. Al principio pensé: “¿De qué me habla?”. Entonces miré el grupo de WhatsApp y vi un mensaje de Joaco Pichot: “Hablé con Agustín. Es cierto, lo asesinaron a Fede”. Para mí, eso fue un shock absoluto. He vivido experiencias dolorosas, pero esto fue indescriptible. Pensé en seguir adelante, como él habría querido. Tenía un entrenamiento programado, así que fui, pero no podía dejar de pensar en Fede mientras conducía hacia el lugar. Fue un viaje que no olvidaré. Luego del entrenamiento, les conté a los jugadores: “Mi mejor amigo, la persona más importante de mi vida, acaba de ser asesinada, y yo estoy aquí para seguir adelante”. Pasé ese día reflexionando mucho sobre lo sucedido.
—¿Y ahora, cómo te sientes?
—Todavía me cuesta asimilarlo, es como una mezcla de dolor y tristeza, porque siempre contaba con él. Sabía que, y lo hablamos muchas veces, íbamos a estar juntos hasta el final. No he tenido conflicto con él, nuestra amistad era tan profunda que sabíamos cómo respetarnos. Pensando en lo que pasó, en el recuerdo de Fede, la frase de un libro que leí se me viene a la mente: “Las personas solo mueren si las olvidás”. Trato de mantenerlo vivo y por eso me alegra hablar de él. Sé que está en un lugar mejor. La única cosa que quiero expresar con respecto al juicio es que todos deseamos que se haga justicia por lo que ocurrió. Su partida fue demasiado prematura. Nos hubiera encantado, a todos los que lo amamos, que pudiera haber estado con nosotros mucho más tiempo. Ahora, lo que se puede hacer es recordarlo con alegría y seguir su ejemplo.


















