Ferrari comienza su día mucho antes de lo que muchos podrían imaginar. “Hoy que teníamos libre, aproveché. Me gusta levantarme temprano, siento que es la parte más pura del día. Obligo a mis compañeros a madrugar; así desayunamos juntos, contamos anécdotas y disfrutamos el momento”, nos comenta. Para él, el deporte de alto rendimiento es una oportunidad para fortalecer vínculos.
Su participación en los Juegos Suramericanos comenzó ayer, donde finalizó quinto en la competencia masculina de sincronizado junto a Tobías Weise y octavo en la categoría mixta junto a Valentina Podestá. Sin embargo, su carácter permanece inalterado.
Podría pensarse que un campeón mundial se dedica exclusivamente a perfeccionar su técnica, pero la realidad para Santiago es muy diferente. En su querido San Salvador de Jujuy, ciudad a la que jura no abandonar, su vida es un constante equilibrio entre múltiples responsabilidades. De lunes a sábado trabaja desde las 8 en una empresa dedicada a atención y ventas, y a las 16 inicia su entrenamiento, el cual se extiende hasta las 18.30. Sin descanso, de 18.30 a 20 imparte clases de gimnasia, para después dedicar su tiempo a estudiar. “Estoy cursando Administración Agraria de manera virtual. Hice dos años de Ingeniería Agrónoma presencial, y fue muy difícil; los profesores me decían: ‘Santiago, arreglátelas’. Ahora me siento más enfocado y espero graduarme el año que viene”, detalla.
A la pregunta sobre cómo maneja esta carga diariamente, responde con una sabiduría inusual: “Siento que uno descansa cuando avanza, así que trato de disfrutar al máximo. En mi habitación en la Villa hay un cartel que dice ‘memento mori’; hay que vivir el día a día”.
No obstante, también reconoce que su título mundial implicó una carga emocional que, al inicio, amenazó con quebrantar su fortaleza. “Al principio fue un peso que me impuse. Sin embargo, últimamente estoy gestionándolo mejor. Estoy trabajando con un psicólogo deportivo, lo cual es fundamental, ya que en este deporte la mente juega un papel crucial”, revela sin perder su sonrisa. A continuación, menciona que su disciplina es tanto fascinante como despiadada. “En 20 segundos se define todo; es un verdadero desafío mental”, concluye.
Al preguntarle si ha perdido alguna vez el foco al competir, asiente: “El año pasado sufrí una lesión en el tobillo. No me sentía preparado para las competencias y en ese momento pensé que debía detenerme. Con mucho apoyo de psicólogos y coaching, logré sobreponerme… Recuperé la pasión que había perdido por estar en el aire. Hasta llegué a considerar dejarlo todo”.
Como suele suceder en el mundo del alto rendimiento, Santiago ha tenido que renunciar a momentos irrecuperables de su adolescencia. “He hecho numerosos sacrificios para llegar hasta aquí. De niño, no pude asistir a mi Cena Blanca ni a los viajes de egresados… Todos mis amigos salían de fiesta mientras yo me quedaba. Sin embargo, siempre tuve claro mi objetivo y no me arrepiento de nada. Todo valió la pena”.
Respecto al apoyo de su familia en este proceso, afirmó: “Mis padres siempre han sido mi principal apoyo. Mi padre es kinesiólogo y siempre me brinda su ayuda; mi madre, constante en su apoyo. Recuerdo que para un mundial en Dinamarca en 2015, los vi esforzarse económicamente… Ellos siempre estuvieron a mi lado y les estaré eternamente agradecido, pues sin ellos no estaría aquí. Me dicen: ‘Si eres feliz, sigue adelante'”.
Actualmente, Santiago también cuenta con el respaldo de su pareja, Mercedes, quien comparte su vida y a quien describe como su mano derecha. “Me inquita un poco”, dice riendo. “Ella desea que me convierta en influencer y que siga el ejemplo de otros deportistas en cuanto a su promoción. Yo soy más reservado; la cámara me da un poco de vergüenza. Pero ella me impulsa a mejorar. He comenzado a realizar algunos videos y me han mencionado un club de musculación en Jujuy, así como lugares para comer… Las redes sociales son importantes, ya que abren oportunidades”, reconoce.
Al abordar la situación económica del deporte amateur, no oculta su fortuna. “El mes próximo viajaremos con mi entrenador a Alemania, España y China, torneos que son fundamentales para adquirir experiencia, ya que el próximo año se realizarán las clasificatorias para los Juegos Olímpicos de 2028. Afortunadamente, esta vez el ENARD se hizo cargo de todos los gastos de mi viaje, solo pagué las inscripciones, un costo mínimo en comparación con el resto. Me han apoyado durante los últimos dos años. Sin su ayuda, no habría realizado estos viajes”, asegura con humildad.
Aun así, es consciente de las dificultades que enfrentan sus compañeros. “A mis colegas no les brindan ayuda. Es como si los desestimaran completamente. A pesar de todo, ellos continúan esforzándose por recaudar fondos. Me duele verlos así, por lo que trato de colaborar y compartir sus videos para que tengan más visibilidad”, reflexiona.
En este contexto, Santiago atribuye al esfuerzo argentino el desempeño destacado de los atletas en los Juegos Suramericanos. “Lo que diferencia a Argentina en el deporte es la dedicación. Ya no importan los recursos económicos. El argentino tiene una gran determinación y está dispuesto a sobresalir”, asevera. No obstante, resalta la importancia del roce internacional al señalar: “El contacto es esencial. En Europa compiten mensualmente; nosotros necesitamos vivir la tensión de un torneo de alto nivel, ya que entrenar no es lo mismo”.
A la pregunta sobre lo que significa volar para él, contesta: “Sentís una emoción única. Es como si desafiara la gravedad. Desde arriba, todo se ve hermoso, y sumar giros en el aire es espectacular”.
Al finalizar, le solicito un consejo para el Santiago de ocho años que soñaba con competir: “Que siga perseverando, porque aún no hemos llegado a los Juegos Olímpicos. Opto por Los Ángeles 2028 antes que tener la carrera asegurada. Estoy estudiando y creciendo en un ámbito que no se limita solo al deporte, porque sé que esto no es eterno”.
Por último, comparte un ritual inquebrantable antes de la competencia: “Acaricio el trampolín y le digo: ‘Vamos, ayúdame en esta’. Siempre lo hice desde pequeño, y me motiva”.
Solo queda esperar que esa cábala le brinde éxitos bajo el cielo rosarino y lo acerque aún más a su sueño olímpico.


















