Caterina es también esgrimista, pero un imprevisto en el ranking la dejó con solo 4,8 puntos, lo que la excluyó de la lista oficial de atletas, a pesar de las expectativas que tenía sobre su participación. Aun así, decidió no perderse la experiencia y se integró como voluntaria: “No sé vivir sin la esgrima; por más que a veces me sienta desconectada o desmotivada, siempre vuelve a atraparme”, confesó con orgullo al mostrar su credencial.
Recordó que no es la primera vez que enfrenta una situación así: “No es un momento motivador, revivo lo que sentí cuando mi plaza se esfumó tras el Panamericano de Perú en junio. Me llevó a replantearme muchas cosas. La noticia no fue buena, aunque todo estaba en regla. Prepararte pensando que estás dentro y luego recibir la llamada de que no, es un golpe fuerte. Hubo un instante en el auto, recibí el mensaje y me desmoroné. Pero hay que aprender de esto, no se puede quedar uno en el ‘podría haber sido'”.
Su amor por la esgrima comenzó en 2011 en el club Gimnasia y Esgrima de Rosario. “Estaba en la colonia, se nos presentaban varios deportes y me enamoré de la esgrima. Mis padres pensaban que sería algo pasajero, pero no fue así”, recordó. A los seis meses ya estaba compitiendo en provinciales y en 2012 ingresó a los nacionales de menores, siendo este 2026 su debut en la categoría Mayores.
Para ser parte del equipo nacional y asegurar su lugar en Rosario, debía mantenerse entre las cuatro mejores del país acumulando puntos en los rankings. A pesar de competir exclusivamente en territorio argentino, sus resultados la entusiasmaron. “Al principio no pensaba en clasificar a unos Juegos, pero obtuve el segundo lugar en la primera fecha, el tercero en la segunda y llegué a cuartos de final en la última. Con esos puntos ocupaba el cuarto puesto, dentro del equipo. Cuando recibí la noticia, dejé todo para entrenar, aunque al final no se concretó”, relató.
En medio de sus altibajos emocionales, un entrenador de la delegación se comunicó con ella para ofrecerle un lugar como voluntaria. Aceptó de inmediato. Sus funciones incluían revisar la indumentaria, operar las cámaras de las pistas y explicar las reglas a los espectadores. Lo rememora con emoción, aunque reconoce el esfuerzo emocional que le significó: “Ver al equipo nacional compitiendo en mi ciudad y no estar allí, especialmente recordando que yo había estado en el Panamericano, fue un poco triste. Pero quiero que ganen todo lo que puedan. Todavía me cuesta ir a entrenar, es un proceso interno que debo sanar”.
El clímax de esa experiencia emocional se vivió cuando las chicas del sable se consagraron. “Cuando gritaban ‘¡Argentina!’ o mencionaban los apellidos de las competidoras, se me llenaban los ojos de lágrimas, ¡quería estar allí y que gritaran mi nombre! Fue una locura. Me alegré mucho por ellas, confiaba en su capacidad”, relató Caterina, quien el año pasado participó de los Panamericanos Junior junto a Catalina Borrelli (oro) y mantuvo vínculos con Victoria Eglez y Margarita Musci (bronce en espada por equipos).
Su arduo sacrificio fuera del ámbito competitivo deja el peso del desasosiego por no haber recibido la convocatoria. Mientras estudia Diseño Industrial, Caterina organiza su tiempo de manera meticulosa: “Entreno físico tres veces por semana en la mañana y hago esgrima de cuatro a cinco veces. Tengo dobles turnos y adapto mis horarios con mi entrenador para asistir a la facultad. Es complicado, porque tengo que ajustar mi vida al deporte”.
Este esfuerzo se ve reflejado en el apoyo incondicional de sus padres, quienes financian su participación en torneos nacionales e internacionales. “Fue un año particular, tuve una beca por un bronce sudamericano junior, pero si no se renueva, tendré que buscar otras formas de financiarme. Estoy en la búsqueda activa de sponsors a través de redes sociales”.
Sin embargo, a pesar de las cicatrices, desempeñarse como voluntaria fue, para ella, una forma de sanación. “Fue una manera distinta de sobrellevar la situación y no me arrepiento en absoluto”. Con la mirada fija en el Campeonato Nacional de noviembre para sumar puntos de cara al próximo Sudamericano, finaliza con una determinación: “Mi meta son los próximos Juegos, pero como atleta”.


















